TESTAMENTOS FÍLMICOS (I)


Lo sguardo di Michelangelo (Michelangelo Antonioni, 2004). Cortometraje. 17 minutos.


El conjunto escultórico de El Moisés de Miguel Ángel lleva años en proceso de restauración, alejado de la vista del público. Michelangelo Antonioni lleva postrado en una silla de ruedas, semiparalizado su cuerpo y sin poder hablar, desde que sufriera un accidente cardiovascular en 1985. El film nos otorga una visión de la escultura como sólo el cine puede hacerlo, con numerosos planos de detalle que muestran los pliegues del mármol, que Antonioni no duda en tocar con su mano, como queriendo constatar la materialidad, la corporeidad de la forma artística.

 Ya que, gracias a la imagen digital, Antonioni abandona su silla de ruedas para dirigirse andando al conjunto escultórico que preside la basílica romana. Y es que nos encontramos ante un doble juego que no deja de cuestionarse la naturaleza del dispositivo cinematográfico, en pleno estallido de la imagen digital, pues sabemos (así lo anuncia un intertítulo al comienzo del film) que lo que vemos es fruto de “la magia del cine”. Se establece así un singular diálogo entre las artes y sus herramientas materiales para expresar un contenido transcendente mediante una forma adecuada. Lejos de condenar la innovación, Antonioni la utiliza para extraer de ella un resultado óptimo, fiel a su trayectoria fílmica, siempre explorando los caminos que abrían al cine las innovaciones tecnológicas.

Este pequeño gran film de Antonioni representa su testamento fílmico-artístico, y constituye una ocasión inmejorable para acercar al público no iniciado a la obra de este grandioso cineasta, ya que sus escasos veinte minutos de metraje sintetizan todas las características (todas las que realmente importan) que podemos encontrar en su filmografía. Como es sabido, Antonioni fue pionero en el despojamiento de la narratividad y en las poéticas del silencio y de los espacios vacíos. Sus películas están hechas para ser contempladas, y en ellas constatamos que los personajes están condenados a la incomunicación. Son, en definitiva, la quintaesencia del cine entendido como arte audiovisual, como experiencia estética. Lo sguardo di Michelangelo establece un singular juego de miradas entre la figura escultórica del Moisés, sita en la iglesia romana de San Pietro de Vincoli, y el cineasta italiano, que la escruta con verdadera fruición no exenta de actitud reflexiva. La composición de los planos incide en la pequeñez y en la fragilidad del cuerpo humano (su mortalidad) respecto a la obra de arte, sin duda más duradera que la vida humana. Aprovechando el gran tamaño de la figura, se nos muestra ésta en planos subjetivos (en picado o en grúa que asciende desde el punto de vista del cineasta al de la escultura; o en un contrapicado desde la cabeza del Moisés que revela de forma palmaria la pequeñez de lo humano).

Antonioni dialoga con Miguel Ángel, el cine dialoga con la pintura y la escultura. La coincidencia de los nombres de pila de ambos artistas convierte el conjunto en una autorreflexión del cineasta, que dialoga, al fin, consigo mismo, y nos entrega su autorretrato, antes de abandonar la nave mientras un coro entona el Magnificat IV Toni de Palestrina. Su legado es inmenso.




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About Jonathan Muñoz García

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