Psicología de masas del fascismo: Los orígenes de Hitler


Psicología de masas del fascismo, Wilheim Reich.
Capítulo II. La ideología de la familia autoritaria en la psicología de masas del fascismo.
  • l. El Führer y la estructura de masas
  • 2. Los origenes de Hitler
  • 3. La psicologia de masas de la pequeña burguesia
  • 4. Los vínculos familiares y el sentimiento nacionalista
  • 5. El amor propio nacionalsocialista
  • 6. El aburguesamiento de los trabajadores industriales

2. Los orígenes de Hitler

El líder de los sectores medios alemanes rebeldes era, a su vez, hijo de un funcionario. El propio Hitler ha relatado un conflicto por el que debió pasar, típico de la estructura de masas pequeñoburguesa. Su padre quería que él fuera funcionario, pero Hitler se rebeló contra el plan paterno, decidió no seguirlo «bajo ningún concepto», se hizo pintor y cayó en la miseria. Pero fuera de esta rebelión, el respeto y el reconocimiento de la autoridad paterna persistieron inalterados. Esta postura ambivalente con respecto a la autoridad: rebelión contra la autoridad con una simultánea aceptación y sumisión, es un rasgo esencial de toda estructura pequeñoburguesa en el paso de la pubertad a la adultez plena, y se hace más patente cuando las condiciones materiales de vida son difíciles.

Al hablar de su madre, Hitler se vuelve muy sentimental. Nos asegura que la única vez que lloró en su vida fue cuando murió su madre. Su rechazo de la sexualidad y su idealización neurótica de la maternidad se desprenden claramente de su teoría racial y de su teoría sobre la sífilis (cf. el capítulo siguiente).

Cuando era un joven nacionalista, Hitler, que vivía en Austria, decidió luchar contra la dinastía austríaca, que «entregaba la patria alemana a la eslavización». En su polémica contra los Habsburgo, Hitler dio una notable importancia al hecho de que algunos miembros de la dinastía fueran sifilíticos. Esto no nos llamaría la atención si no fuera porque la idea del «envenenamiento del cuerpo del pueblo» y toda su postura en la cuestión de la sífilis reaparecían una y otra vez, y porque después de la toma del poder constituyeron una parte central de la política interior.

Al principio Hitler simpatizó con la socialdemocracia porque luchaba por el sufragio universal y secreto, que podía llevar a un debilitamiento del «régimen de los Habsburgo» odiado por él. Pero le repugnaban la exaltación de las clases, la negación de la nación, de la autoridad del Estado, del derecho a la propiedad de los medios de producción, de la religión y de la moral. El impulso decisivo de su separación de la socialdemocracia lo dio la invitación de que fue objeto en la empresa constructora donde trabajaba para que se afiliase al sindicato. Fundamentó su rechazo diciendo que por primera vez había comprendido el papel de la socialdemocracia.

Bísmarck se convirtió entonces en su ideal, porque había gestado la unificación de la nación alemana y combatido a la dinastía austríaca. El antisemita Lueger y el alemán nacional Schönerer determinaron decisivamente el desarrollo ulterior de Hitler, quien desde entonces partió de objetivos nacionalistas-imperialistas que pensaba concretar con medios distintos y más adecuados que los que empleaba el viejo nacionalismo «burgués». La elección de estos medios fue consecuencia del reconocimiento del poder del marxismo organizado, del reconocimiento de la importancia de la masa para cualquier movimiento político.

Tan sólo cuando a la concepción de mundo internacionalista —conducida políticamente por el marxismo organizado— se le oponga otra nacional, organizada y conducida con el mismo grado de unidad que aquélla, con igual energía de lucha, el éxito se inclinará a favor del lado de la verdad eterna.

La clave del éxito de la concepción del mundo internacionalista fue su representación a través de un partido político organizado como las secciones de asalto: lo que hasta ahora ha hecho fracasar a la concepción de mundo contraría era la carencia de una representación unitaria de la misma. Una concepción del mundo no puede luchar y vencer con la libertad ilimitada de interpretación de una concepción general, sino sólo en la forma limitada y por ello sintetizadora de una organización política (Mi lucha).

Hitler había reconocido tempranamente la inconsecuencia de la política socialdemócrata y la impotencia de los antiguos partidos burgueses, incluido el partido nacional alemán.

Pero todo esto era la consecuencia obligada de la ausencia de una nueva cosmovisión fundamental y opuesta al marxismo, animada de una apasionada voluntad de conquista (op. cit.).

Cuanto más reflexionaba entonces sobre la necesidad de un cambio de actitud de los gobiernos nacionales respecto de la socialdemocracia, en tanto que encarnación actual del marxismo, tanto más reconocía la carencia de un sustituto válido para esta doctrina. ¿Qué podíamos ofrecerles a las masas en el caso hipotético de un hundimiento de la socialdemocracia? No había ni un solo movimiento capaz de atraer a sus filas a las inmensas masas de trabajadores que habrían quedado más o menos desprovistas de dirigentes. No tiene sentido y es más que tonto creer que los fanáticos separados del partido de clase ingresarían inmediatamente en un partido burgués, es decir en otra organización de clase (op. cit.).

Los partidos «burgueses», como se llaman a sí mismos, ya no atraerán nunca más a su campo a las masas «proletarias», porque aquí se enfrentan dos mundos separados por fronteras en parte naturales y en parte artificiales, cuyo estado de comportamiento mutuo no puede ser sino la lucha. Pero quien obtendrá la victoria no podrá ser sino el más joven... que en este caso es el marxismo (op. cit.).

El antisovietismo fundamental del nacionalsocialismo se manifestó muy tempranamente:

Si queremos tierra en Europa, en general sólo podemos obtenerla a costa de Rusia, y el nuevo Reich debería volver a transitar el camino de los caballeros de la Orden, para que la espada alemana le dé la gleba al arado alemán y el pan de cada día a la nación (op. cit.).

De este modo, Hitler debe plantearse las siguientes preguntas: ¿Cómo se puede hacer triunfar la idea nacionalsocialista? ¿Cómo se puede combatir eficazmente al marxismo? ¿Cómo tener acceso a las masas?

Con este fin, Hitler apela a los sentimientos nacionalistas de las masas, pero decide organizar el movimiento como el marxismo, sobre una base de masas, desarrollar una técnica propagandística propia y llevarla a cabo de modo consecuente.

Su propósito, por lo tanto —y así lo confiesa abiertamente—, es imponer el imperialismo nacionalista con métodos tomados del marxismo y de su técnica de organización de masas. Que el éxito coronara a esta organización de masas es un hecho que se debe a las masas y no a Hitler. Su propaganda pudo echar raíces debido a la estructura autoritaria y temerosa de la libertad de los hombres. Por eso la importancia sociológica de Hitler no reside en su personalidad, sino en la significación que le otorgan las masas. Y el problema era tanto más candente por cuanto Hitler sentía un profundo desprecio por las masas mediante las cuales quería imponer su imperialismo. Bástenos con citar una sola confesión sincera:
La mentalidad del pueblo nunca ha sido otra cosa que la manifestación de lo que se ha hecho deglutir desde arriba a la opinión pública (op. cit.).

¿Cuál era la conformación de las estructuras de la masa, para que pese a todo estuviera dispuesta a absorber la propaganda de Hitler?

[Fin de Los orígenes de Hitler]
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