Crónica de la mañana del 27-Mayo: Desmantelamiento de Plaça Catalunya

Plaça Catalunya, a media mañana

Hoy el despertador ha sonado a las 07:50 y, aunque no tenía otra cosa que hacer que buscar ofertas de trabajo por internet (soy uno de los cinco millones de parados), he decidido no darme la vuelta y, mientras me preparaba el café he puesto “Els Matins”, en TV3. Y primicia: los Mossos acababan de llegar a Plaça Catalunya para desmantelar el campamento. Y sin asearme, me he vestido rápido para apoyar a los “desmantelados”, que por aquella hora eran tan sólo “desmantelables”.

He llegado poco antes de las 09:00. Los Mossos habían acordonado la plaza y nadie podía entrar en ella, en la que permanecía un grupo de acampados que se había quedado a dormir. La gente iba llegando y estábamos empezando a rodear la plaza, de tal manera que, si la cosa crecía lo suficiente, íbamos a ser los “indignados” los que acabaríamos rodeando a los Mossos, siendo nosotros los que conformaríamos un cordón alrededor de ellos. Pero no hemos llegado a ser los suficientes. Plaça Catalunya dispone de 7 accesos y sólo 4 de ellos estaban taponados de gente. He deseado que, conforme la mañana avanzase, todos los accesos quedasen taponados de tal manera que los Mossos tuviesen que acabar abandonando la plaza por su propia seguridad. Pero, como todos sabemos, no ha sido así.

Y sí, la mañana avanzaba. Y en el acceso que hace esquina con Rambla Catalunya y Ronda Universitat han empezado los altercados. Por ese acceso intentaban salir los camiones de BCNeta con lo que habían barrido: ordenadores, comida, pancartas, toldos, mesas, estantes... todo lo imaginable, el campamento entero. Los altercados se iniciaban porque quienes taponaban esa entrada trataban de evitar la salida de esos camiones. Ahí se ha producido la primera carga policial y los primeros heridos, y todo hacía presagiar que los problemas irían en aumento a lo largo de la mañana. Menudo papel, por cierto, el de los trabajadores de BCNeta, desmantelando un campamento que seguro que muchos de ellos apoyaban. Pero por su parte no ha habido insumisión. Aún menos la habido por parte de la policía.

La memoria me falla y no recuerdo si fue con motivo del asesinato de Miguel Ángel Blanco o del apoyo del gobierno español a la invasión de Irak, que algunos policías que vigilaban las manifestaciones de aquellos días fueron convocados a unirse a la masa, y en efecto algunos de ellos se quitaron los cascos y entre lágrimas se unieron a los que entonces eran otro modo de “indignados”. Tampoco esto ha ocurrido hoy en Barcelona.

La mañana se ha ido agotando y a los pocos minutos de finalizar el desmantelamiento de la plaza, los Mossos la han ido abandonando y un par o tres de miles de personas que taponábamos los accesos hemos podido entrar por fin y reunirnos con los "héroes" resistentes que nunca abandonaron el centro de la plaza. Justo en ese momento, un reducido grupo de antidisturbios, tal vez unos quince, han quedado rodeados de “indignados” justo cuando ya no quedaba más que un furgón de Mossos, destinado a recogerlos y evacuar. Un centenar de personas los han acorralado y les han lanzado botellas de agua. Otro grupo intentaba apaciguar a los “arrinconadores” para no perder la imagen pacífica que el Movimiento 15-M quiere. No obstante, la rabia contenida justifica de sobras ese arrinconamiento, y yo personalmente no hubiera censurado que esos Mossos acorralados hubiesen acabado equilibrando el número de heridos entre “indignados” y Policia, aunque, tal vez afortunadamente, esto no ha acabado ocurriendo.

Esta es la crónica de la mañana. Para mí ha habido un momento muy triste: observar el desmantelamiento del último toldo y volver a ver la plaza como antes del inicio de la acampada. Nos quitaban todo lo que hemos construido en estos días, todo. Todo salvo el coraje, dirán algunos, pero no quiero volver a ver la plaza sin toldos, pancartas, comisiones, biblioteca, camas hasta en los árboles. Me he puesto tan triste que, por un momento, he dudado de que nuestra actitud pacífica haya servido de algo. Nuestra actitud pacífica nos ha dejado sin campamento. Pero quiero pensar que este pensamiento fugaz sólo es fruto de la impotencia por no poder evitar el desmantelamiento.


Nuestro modelo sigue siendo el de la resistencia pacífica, como Gandhi en la India. Sencillamente tenemos que ser más, para que un nuevo desmantelamiento sea materialmente imposible. La convocatoria para hoy a las 19:00 se prevé masiva y espero que todos aquellos que todavía no se habían animado a venir por desconocimiento o desconfianza lo hagan ahora que la fuerza de las porras sobre nosotros nos ha hecho más populares que nunca. Ironías mediáticas. Uno de los pocos modos de lograr la insubordinación de quienes nos han querido desalojar de la plaza es que se unan a ella. Y para eso necesitamos ser más y en todas partes.

Plaça Catalunya, segundos después del fin del desmantelamiento

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About Sergi Ruiz

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