El 23-F en la pantalla

Más vale tarde que muy tarde, así que mejor que se hayan tardado 30 años en llevar el golpe de Estado de Tejero, Armada y Milans a la gran pantalla que no 80. Treinta años después, se puede preguntar todavía a la mitad de españoles dónde estaban cuando se enteraron del asalto al congreso (recordemos que en un principio corrió el rumor de que se trataba de un atentado de ETA, algo que ya le hubiera gustado a muchos, mal que nos pese).

Sin embargo, «23-F, la película» no es del todo una novedad sino que forma parte de una serie rememorativa del 23-F que se inició con la publicación de «Anatomía de un instante», el documentadísimo ensayo-novela de Javier Cercas, y que continuó con dos telefims de notable factura, uno producido por RTVE («El día más difícil del rey»), dedicado plenamente al 23-F y centrado en la figura del rey, y otro por Antena 3 («Adolfo Suárez, el presidente»), biopic sobre el ex-presidente del gobierno que toma como punto de apertura y cierre de la historia el fallido golpe de estado.

«El día más difícil del rey», estrenado en febrero de 2009 y emitido en dos capítulos que suman 146 minutos de duración, transcurre casi plenamente en el Palacio de la Zarzuela y narra la experiencia del rey desde que se levanta la mañana del 23 de febrero de 1981 hasta que se consigue retransmitir el mensaje televisivo del monarca pasadas las 02:00 AM del día 24. Es una suerte de "thriller telefónico", puesto que la acción se centra en la trama creada alrededor de los contactos telefónicos que el rey (Lluís Homar) y su secretario Sabino Fernández Campo (interpretado magistralmente por Emilio Gutiérrez Caba) establecieron a lo largo de toda la tarde del 23-F con todas las capitanías militares españolas, con Alfonso Armada y Milans del Bosch, con RTVE, con el padre del rey. Zarzuela se convierte en una centralita telefónica en que se escuchan la mitad de las llamadas mediante altavoces que permiten que la conversación sea seguida por varios personajes simultáneamente sin que al otro lado de la línea se sepa si está sucediendo lo mismo o se está hablando con una única persona. Desde el punto de vista dramático, el telefilm explota una experiencia que se sabe que fue dolorosa para el rey: acceptar que su gran amigo Alfonso Armada (interpretado por Juan Luis Galiardo) le había traicionado. El famoso "ni está ni se le espera" es uno de los momentos álgidos del telefilm y muestra a Fernández Campo como la clave del fracaso del golpe de estado, más allá de la determinación del rey de mantener "el orden constitucional".



«Adolfo Suárez, el presidente» se estrenó en enero de 2010, también se emitió en dos capítulos, y dura un total de 140 minutos. A diferencia de la «El día más difícil del rey», que   está narrada en un clásico orden cronológico que trasmite al espectador la intriga y la angustia que vivieron sus protagonistas, el biopic sobre Suárez, como ya se ha dicho, inicia y cierra su metraje con imágenes de Tejero en el congreso. Se trata de un telefilm construido a base de flashbacks que narran el ascenso político de Suárez (interpretado por Ginés García Millán y que repite papel, muy acertadamente, en «23-F, la película»), desde que era un joven estudiante que soñaba con ser el presidente de la tercera república española hasta su dimisión como presidente y el asalto de Tejero unos pocos días después. Estos flashbacks se van intercalando con diversos momentos de Suárez en el congreso de los diputados y su actitud frente al secuestro de los diputados a manos de la Guardia Civil. Dada esta opción de montaje, el telefilm se muestra no como una mera biografía filmada sino como un intento de comprender la actitud de Suárez durante el 23-F, algo que asemeja a esta producción televisiva con el libro de Cercas, que trata de comprender por qué Suárez, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado fueron los tres únicos diputados que no se escondieron bajo sus escaños durante el tiroteo en el congreso.



Tras estos dos telefilms, se estrena  «23-F, la película», coincidiendo con el 30º aniversario del golpe, y algunas escenas de los trailers tenían un cierto regusto a "deja vu". En comparación con las producciones para televisión ya comentadas, la principal novedad de «23-F, la película» es haber conseguido permisos para filmar en el congreso de los diputados, algo que les fue vetado tanto «El día más difícil del rey» como a «Adolfo Suárez, el presidente»). La película de Chema de la Peña distribuye su interés principalmente entre lo que ocurre en el Congreso y la Zarzuela, aunque con algo más de énfasis en la actitud de Tejero en la cámara paralamentaria. La presencia fílmica del Congreso es el punto fuerte de la película y en especial por el contrapunto que esto supone respecto a los telefilms centrados en el rey y en Suárez, pero no es el eje o el centro de la película sino tan sólo un aspecto al que el guión da un poco más de relevancia que a los demás. Ese tan sólo "un poco más" deja a la película sin un centro dramático claro, motivo por el cual circulan por internet muchas críticas que comparan a la película de De la Peña con un mero documental. Personalmente, me hubiera gustado mucho que el guión aprovechase mejor ese poco más de peso que se le da a la figura de Tejero, para quitarle dispersión al guión, para apostar por alguno aspecto en concreto del golpe.


Y es que el golpe de Estado del 81 es un acontecimiento poliédrico, mucho más complejo que el asesinato de Kennedy o los recientes atentados de Nueva York o Madrid, por lo que, desde el punto de vista narrativo, es mejor centrar la acción en uno o dos aspectos que no tratar de hacer una película que abarque el hecho en su conjunto, que es lo que ha hecho De la Peña. En este sentido, los telefilms sobre el rey y sobre Suárez están mucho más conseguidos.

"El cine o es sintético o no es cine" escuchaba decir en una ocasión a Eleuterio Sánchez "El Lute" en una entrevista con Ferran Monegal en "Telemonegal", de Barcelona Televisió. El film de De la Peña dura sólo 97 minutos. El metraje es más que adecuado para una película, pero es lo suficientemente menos que los 140 minutos de los telefilms sobre el rey y sobre Suárez. Esto significa que el guión tuvo que empezar a hacer un filtrado de los hechos acaecidos la tarde de aquel 23 de febrero para que cupieran en menos de 100 minutos. Y como acostumbra a ocurrir también con muchas adaptaciones de novelas al cine, la película acaba conteniendo escenas poco explicadas y que a causa de esto o pierden fuerza o quedan inexplicadas para el espectador que no conozca lo suficiente la historia de los protagonistas del 23-F.


Así, por ejemplo, una de las escenas más interesantes de la película se produce cuando Carrillo (un maquilladísimo e irreconocible Joan Pera) invita a un cigarrillo a Gutiérrez Mellado mientras le dice: "usted y yo luchamos en bandos opuestos en la Guerra Civil pero imagino que ahora me permitirá que le ofrezca un cigarrillo". La frase está bien porque informa al espectador del valor de ese gesto, pero en la película esto es una mera anécdota. En la novela-ensayo de Cercas, el escritor hace un exhaustivo estudio de la biografía de Carrillo y otro de Gutiérrez Mellado, por lo que cuando uno descubre cómo durante el 23-F estaban del mismo bando el lector queda ciertamente sobrecogido. Todo esto se pierde en la película.




Otra escena muy interesante de la película es la del tiroteo en el Congreso. El montaje de esta escena nos muestra perfectamente cómo todos los diputados se esconden en sus escaños salvo Carrillo, que se mantiene en pie como esperando recibir heroicamente las balas que le conviertan en un mito, Suárez, que está de pie antes de la primera bala y parece sentarse para posar ante las cámaras, y Gutiérrez Mellado, que se mantiene de pie y se queda mirando el tiroteo mientras parece pensar para sus adentros "bueno, a ver si se cansan de disparar al aire estos idiotas". La escena es espléndida y nos permite comprender porque este hecho llevó a Cercas a iniciar su investigación sobre el 23-F.

Es sabido que Milans del Bosch no quería morir (por suerte ya lo hizo) sin haber sacado alguna vez los tanques a la calle (por desgracia lo hizo). «23-F, la película» no se ahorra esta escena y filma perfectamente la grandilocuencia que Milans (oculto tras el rostro de Lluis Marco) tuvo que sentir ese día, sacando pecho al mando de uno de los carros de la capitanería de Valencia.


A algunos no ha gustado que Tejero sea el personaje sobre el que más se profundiza en la película. En realidad no es sobre el que más se profundiza sino el único sobre el que se profundiza un poco. La película se abre con Tejero (fabuloso Paco Tous) preparándose la ropa de Guardia Civil en su casa y se despide luego de su mujer. Muy avanzado ya el secuestro al Congreso, habla con ella por teléfono y Tejero muestra su ternura hacia su mujer. El del Tejero es el único personaje cuyas motivaciones quedan relativamente bien dibujadas. Poco antes de que el golpe de estado quede frustrado para siempre, Tejero, viendo que ningún otro cargo del ejército le apoya, grita "qué mierda de país, no se merece que luchemos por él". Recuerda mucho a aquel Hitler encarnado por Bruno Ganz en «El hundimiento» (Der Untergang, 2004) que declara que el pueblo alemán es cobarde y que merece ser masacrado si acepta la rendición.


Se echa en falta en la película que se no hable del conflicto por amistad que el rey tuvo para aceptar el papel de Armada, pero para eso ya tenemos el telefilm de RTVE. Es de agradecer, no obstante, que, al estilo de los minutos iniciales de «Munich» (Steven Spielberg, 2005) o de los flasbacks explicativos de «Soldados de Salamina» (David Trueba, 2003), se mezclen imágenes de archivo como imágenes de ficción, para dar verismo a la historia. Algunos critican que la película no se moje políticamente y que no indague en posibilidades conspiratorias o en el misterio del Elefante Blanco. Pero es que «23-F, la película» no es «Lobo» (2004) o «GAL, la película» (2006), ambas de MIguel Courtois. Si estamos de acuerdo con Cercas o con José Oneto (el periodística que más páginas ha escrito sobre el 23-F) en que lo principal del golpe de Tejero ya se sabe, la película no puede optar por las tramas que ha filmado Miguel Courtois. 


A pesar de lo que tardado el cine español en tratar asuntos políticos recientes, parece que vamos avanzando. Las películas mencionadas de Courtois o «Salvador (Puig-Antich)» (Manuel Huerga, 2006) son una prueba de ello. Cuanto menos parece que ya no es todo Guerra Civil. Pero seguramente no es sólo a la industria cinematográfica a la que le ha costado aceptar su pasado reciente. El hecho de que los telefilms sobre el rey y sobre Suárez no consiguieran permiso para grabar en el congreso es un mal síntoma. Cercas defiende que el 23-F no fue el éxito de la democracia sino su fracaso, en referencia a que fue un fallo de la democracia lo que llevó al golpe de estado. Aunque en un sentido diferente, la tardanza en llegar a las pantallas (pequeña o grande) de las historias del rey, Suárez o Tejero también es un cierto fracaso de la democracia, del que vamos saliendo, y esto es esperanzador, poco a poco.
-----------------------------------
Share on Google Plus

About Sergi Ruiz

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios: