Manuel Vázquez Montalbán en 'Epílogo' (parte 2 de 4)



MONTALBÁN: En el campo estrictamente del show era bastante fácil porque todo el mundo presumía de no ser franquista. Y recuerdo que en aquel momento, el jefe provincial, que era un tal Martín Villa, que luego vió cierto juego. Y Felipe Mellizo, que era el jefe de propaganda de todo sindicato, cuando ya estaba acabando el curso me llamó y me dijo [inicio del segundo audio] "nos interesaría que tú te vinculases a la propaganda de todo sindicato" y yo dije que eso ya no; lo del PSUC me había interesado muchísimo porque me interesaba volver a Barcelona, [fin del primer audio] y todo eso; se jugaba hasta cierto punto. Me acuerdo que luego, al volver a Barcelona, el único lugar donde me dieron prácticas nocturnas de periodismo, cobrando a pieza, era el periódico del movimiento: Solidaridad Nacional, que había sido un diario anarquista, Solidaridad Obrera. Estuve allí hasta que empezaban a llegar informes policiales, intentaron traspasarme a la prensa y al final para colocarme entre la espada y la pared me dijeron “para que te metamos en plantilla has de traer el carnet del movimiento, meterte en la falange". Dije: mira, hasta aquí hemos llegado: no quiero engañaros a vosotros ni engañarme a mí mismo. Y entonces me quedé en la calle. Jugabas hasta cierto punto.

ENTREVISTADORA: A nivel personal, en aquel momento, usted se casó con su compañera de facultad, Anna Sallés, el 16 de diciembre de 1961 ¿Cómo era ella? ¿Qué tipo de mujer eligió Vázquez Montalbán para compartir su vida?

MONTALBÁN: Yo tengo la sensación, la he tenido siempre, de que fue ella la que me eligió a mí. Pero... se correspondía ese microcosmos de progresistas de universidad con algunos rasgos comunes... ella venía de una familia militante también, antes de la Guerra Civil, como la mía, pero no fue esa la condición... Eso fue quizás un aspecto ambiental que influyó... hacía que la comunión de los santos dentro de la facultad significaba que nos viéramos todos los días los que más o menos participábamos de esa comunión de los santos. Y entonces era del Felipe y del PSUC y nos teníamos que ver desde para tirar octavillas hasta para programar actos culturales, entre ellos lecturas poéticas de Blas de Otero, Barral, Gil de Viedma y todos estos poetas. Y eso obligó a una relación de lo cual derivó una relación amorosa y finalmente lo que entonces se llamaban relaciones prematrimoniales, que casi siempre conducían al matrimonio como dios manda, porque aún pertenecíamos a una generación timorata respecto a eso. Las generaciones que vinieron después se hincharon a practicar relaciones prematrimoniales sin llegar jamar al matrimonio. Yo les he envidiado profundamente.


ENTREVISTADORA: A pesar de su imagen más bien dura y poco dada a sentimentalismos, ¿creyó Vázquez Montalbán en el amor? ¿Qué fue el amor para Vázquez Montalbán?


MONTALBÁN: Me obliga usted a sacar un canción de Karina, una cantante que tuvo mucho éxito.


ENTREVISTADORA: El sacar canciones le encanta.


MONTALBÁN: Sí, pero es una canción que ya debe de estar olvidada, que se llama: No es posible el amor, es un sueño romántico. En la vía del Dúo Dinámico, un conjunto de aquella época. El amor tiene una fase inicial en la cual es realmente existente y se le puede llamar de esta manera. Después existe una amplia gama de eufemismos. Esa primera etapa es realmente envidiable experimentarla. Y sobre todo hay que desear no experimentarla una sola vez.


ENTREVISTADORA: Pero ¿porque es pasión?


MONTALBÁN: Porque es capacidad de negación de ti mismo, capacidad entonces de una alienación que implica [alienación] total de otro, que no es ya una alienación religiosa sino que está en otra dimensión, y si esa alienación tiene además una plasmación de carácter corporal, es una situación maravillosa, quizás la más maravillosa, y que como es tan maravillosa, en general no dura mucho tiempo. Y luego, a esa situación inicial a la que te comprometes con otra persona, hay que amarla de muchas otras maneras, y siempre son maneras que te ayudan en cierto sentido a sobrevivir y a realizarte, pero que no te has de auto-engañar como para que se parezcan a ese momento inicial.


ENTREVISTADORA: Don Manuel, entonces ¿fue usted partidario de volver a buscar alguna otra relación que sí te pusiera otra vez en esa tesitura inicial?


MONTALBÁN: De eso no se es partidario; eso viene o no viene. hay genete que es buscadora de situaciones. Yo me reconozco no buscador de situaciones. Pero si viene, yo creo que sería no legítima, no asumible. Es como volver a vivir.


ENTREVISTADORA: Poco después, usted y su mujer fueron encarcelados por participar en una manifestación no autorizada. Qué barbaridad.


MONTALBÁN: Es que fue tragicómico, si usted me permite, porque en mi atestado judicial uno de los motivos para condenarme a tres años de cárcel fue haber cantado "Asturias, patria querida".

ENTREVISTADORA: No me lo puedo creer.


MONTALBÁN: No sé continuará existiendo en este momento el Estado de las autonomías, pero es el himno oficial del Principado de Asturias. Jamás los asturianos han tenido el rasgo de nombrarme hijo predilecto, que yo creo que me lo he merecido. Quizás los que más nos lo hemos merecido fue Salvador Clotas, que luego tuvo un alto cargo en el PSOE. Una de las acusaciones era haber cantado "Asturias, patria querida", pero había otras acusaciones. Por ejemplo, empezamos a gritar "Huelga general" y acabamos gritando "Muera el general", pero era un matiz o quizás un error motivado porque los gritos de la multitud no acabaron de concertarse bien.


ENTREVISTADORA: O sea, "Asturias, patria querida" lo llevó al trullo.


MONTALBÁN: Pues fue una de las causas, aparte de que suponían de que yo era una de los dirigentes de aquello. Pero consta en el atestado judicial que cantamos esta canción:


ENTREVISTADORA: Fue cuando su mujer estuvo en la cárcel también con usted.


MONTALBÁN: Sí, tuvo una condena inferior, la llevaron a la cárcel de mujeres, que estaba entonces en la misma Modelo de Barcelona, luego ya la trasladaron a otra cárcel diferente.  Pero mi estancia en la Modelo de Barcelona coincidió con la de ella.


ENTREVISTADORA: Y en cierto modo estar en la cárcel era una especie de credencial antifranquista.


MONTALBÁN: A mí me fue muy bien desde el punto de vista del credencial. Porque, como colaboraba con un diario que se llamaba "La Soli", Solidaridad Nacional, que era del movimiento, pues algunos camaradas me miraban con alguna reticencia: ¿Qué hace este en este diario? Cuando el diario me encargaba hacer la información,  por ejemplo, del 18 de Julio o la visita de Franco a Barcelona, imagínese usted la tesitura. Finalmente, cuando ya me pidieron el carnet, pues ya me marché y me quedé en la calle de una manera bastante dura. Pero que me detuvieran, que pasara por el tribunal militar, eso ya me dio carnet de identidad antifranquista, sí.


ENTREVISTADORA: Usted nunca pasó factura por los años perdidos.


MONTALBÁN: Ni siquiera he recurrido a eso que han hecho otros de pedir una indemnización, en parte porque me da una cierta vergüenza, cuando considero que hubo gente que se pasó 25 años de cárcel, 30 incluso, algunos pasaron 5 años incomunicados en una celda; por todo ello, yo que al final, ayudado por la muerte de Juan XXIII y el indulto, me pasé un año y medio, me parece cómico el sacar partido de eso. Lo que sí que he intentado por todos los medios es que no se perdiera memoria de lo que han jugado un parte de vida en esa operación de ética, de luchar contra el franquismo, sobre todo esos testimonios espléndidos, de gente con 25 o 30 años, que luego salió y ni siquiera recibió la compensación de ser diputado.


ENTREVISTADORA: Una vez en la calle le prohibieron escribir en los periódicos, e incluso careció de pasaporte. Esos años sí que serían los más duros de su vida, supongo.


MONTALBÁN: Pues he de reconocer que sí. Coincide con la etapa en que ya empiezas a ser un adulto. Aunque estoy muy de acuerdo con Dostoievski que me parece que es un adolescente, tiene 40 años o 50 y la adolescencia puede durar muchísimos años. Pero sí de una sensación de infrautilización, de infravaloración, de tenerme que dedicar a los más diversos oficios de la escritura para poder sobrevivir, pero luego con los años descubres que también han sido años de formación, años de aprendizaje, y que, por lo tanto, ya forman parte de un balance global, que es en definitiva lo que cuenta.


ENTREVISTADORA: Tras 1969 participó en muchos proyectos periodísticos: el mítico "Triunfo" o "Cuadernos para el diálogo". ¿Qué recuerdos guarda de aquella época?


MONTALBÁN: Tengo que recuperar otra vez el concepto de milagro. Yo había propuesto a "Triunfo"... me había quedado sin trabajo, habían cerrado un revista que se llamaba "Siglo XX", que sólo nos la dejaron editar durante seis meses, y Fraga, antes de que se aprobase su ley, quiso quitarse de en medio todas las publicaciones que pudiesen molestarle. Y entonces envié un proyecto de crónica sentimental de España, que era hacer una historia de las vivencias que no formaban parte de la gran historia, sino de las costumbres, de los hábitos morales, sentimentales de la gente, el impacto de los medios en un país que por primera vez había experimentado medios de comunicación de masas, etc., etc. Este proyecto estuvo guardado en un cajón de "Triunfo" cuatro años. Y un verano en el que, como siempre ocurre en las revistas, hay problemas de colaboración, uno está de vacaciones, pues la gente de allí, César Alonso de los Ríos, Víctor Márquez Reviriego, Haro Tegclen, vieron que existía este proyecto: "vamos a encargárselo a este señor". A César lo conocía porque había estado en la cárcel y líos políticos conmigo. Y recuerdo que era un día de verano, yo estaba pasando unos días fuera de Barcelona, recibo una llamada de teléfono, que si puedo escribir eso; no estaba en mi ciudad, no tenía libros en mi alcance, no podía documentarme, querían cuatro capítulos, pero era tal la tensión, la sensación de oportunidad que aparecía, que me senté como un loco, nunca mejor empleada la palabra, y escribí los primeros  capítulos de la "Crónica sentimental de España". Y fue tal el impacto que causó, que me pidieron que continuara. Cuando publiqué el libro, utilicé libros, pero en lo primero que publiqué en "Triunfo" era algo dictado exclusivamente por la memoria, así que seguro que me equivocado en algunas canciones. Y luego significaba la primera aparición de lo que luego se ha llamado el pop aplicado a la literatura, el primer esfuerzo además de una generación que llegaba a los 30 años de recuperar sus raíces. Hasta los 30 años en general no se necesita tener memoria, y a partir de los 30 años sí. Porque curiosamente este libro, este trabajo mío, coincide casi en fase de elaboración con "Canciones para después de una guerra" de Basilio Martín Patino y con "Memorias de un niño de derechas" de Umbral, que de hecho eran esfuerzos muy parecidos y que hicimos cada uno por su cuenta; yo tuve la suerte de hacerlo emerger antes gracias al esfuerzo de "Triunfo", lo cual demostraba que gente que estábamos llegando o habíamos llegado a los 30 años estábamos ya necesitando de la memoria, lo cual quería decir que empezábamos a tener sombra.


ENTREVISTADORA: Y también "Por Favor", "Hermano Lobo", "Mundo Obrero", "La Calle", "Interviú". ¿Hubo algún medio que tuviera para usted una importancia especial desde el punto de vista personal?


MONTALBÁN: Por encima de todo, "Triunfo", por lo que significó de salir del hoyo y de entrar en una revista mítica en la que todos queríamos colaborar o salir. Y además en el momento de despegue de "Triunfo" como revista claramente de oposición, dentro de lo que cabía. Eso fue, ha sido para mí la gratificación profesional más importante que tenido nunca. Luego la experiencia de "Por Favor", por cuanto yo era co-director de la revista, en un primer momento con Forges y con Perich, y luego con Perich, y significó la posibilidad de intervenir muy activamente en la fase inicial de la Transición, y muy dramáticamente porque nos cerraron la revista, nos la cerraban continuamente, o nos boicoteaban las portadas, fue un trabajo durísimo, en la etapa terminal del franquismo. Pero sí que fue una revista que intervino creando opinión para el cambio de una manera muy directa y muy arriesgada. Y es una etapa que yo recuerdo con una gran satisfacción. Fíjese usted la importancia de esta revista que Pierre Vilar, en una las ediciones de la "Historia de España", de una colección de Presses Universitaire, dedicó la portada a un dibujo de Forges de "Por Favor", sobre Pasionaria, como síntoma de la etapa de cambio que estaba experimentando España.


ENTREVISTADORA: Y dígame, ¿hubo en España muchos periodistas escribiendo al dictado?


MONTALBÁN: Hay dos maneras de escribir al dictado. En una etapa de dictadura, unos son profesionales del dictado, son del régimen, y el régimen dice "ahora la consigna tendría que ir por aquí y por allá" y obedecen. Y otros escriben al dictado porque se sienten partícipes de eso o porque no quieren discrepar y quieren sentirse cómodos. Aunque no lo parezca, en una situación democrática, es muy parecido. Sigue habiendo los que escriben al dictado, financiados directamente o por no perder un estatus de vida determinado, y luego existen los que se integran a partir del concepto de los políticamente correcto, y no quieren salirse de lo políticamente correcto. Acaban hablando todos lo mismo. La aparente pluralidad es una falsa pluralidad. Son diferentes estuches, pero cuando abres el paquetito, el contenido es prácticamente el mismo.


ENTREVISTADORA: Eso le produciría muchísima frustración, ¿no?


MONTALBÁN: Ya era muy mayor yo en aquella época como para sentir frustración. Mis frustraciones derivaban de otros problemas más bien físicos.


ENTREVISTADORA: ¿De qué tipo?


MONTALBÁN: Pues que no se podía hacer cosas que antes podía hacer, desde un punto de vista físico. Y entonces, contemplar una vez más, o corroborar una vez más cómo funcionaban los mecanismos de ejercicio de una profesión tampoco me producía una frustración. Cuando eso alcanzaba nivel de prepotencia, recuerdo dos circunstancias que me irritaron de una manera muy especial: una fue la Guerra del Golfo y la otra fue la Guerra de Yugoslavia. Cuando me di cuenta de que, por el mecanismo de la supeditación al mensaje dominante o por el mecanismo de no escribir lo políticamente incorrecto, una buena parte de la profesión, y de los intelectuales en un sentido mucho más amplio, aceptaron las tesis oficiales tanto en un guerra como en la otra, creando a veces situaciones de asfixia de la auténtica libertad de expresión. [fin del segundo audio]

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