"A dangerous method" en 'Cahiers du Cinema'


El número de febrero de 2011 de Cahiers du Cinema en su versión en castellano incluye un reportaje sobre A dangerous method, el esperado film de David Cronenberg sobre la relación triangular entre Sabina Spielrein, Carl Gustav Jung y Sigmund Freud. Por el contenido del reportaje, son de esperar tres detalles. El primero es que se confirma que la sombra de Inseparables (Dead ringers, 1988) se cierne sobre la película: nuevamente, dos médicos muy unidos en un triángulo con una mujer. El segundo es que el guión, basado en la obra teatral The talking cure, está notablemente bien documentado, y saca provecho del material que se había mantenido inédito hasta bastante después de las muertes de Jung (1961),  Spielrein (1942) y Freud (1939). Y el tercero es que, como acostumbra a hacer Cronenberg, sospechamos que en este largometraje el drama humano que se describe es consustancial con el debate científico, y no un mero pretexto para ambientar una historia.

Disfrutad a continuación del reportaje de 'Cahiers":

David Cronenberg en el rodaje de A dangerous method.

 
Carl Jung y Sigmund Freud en el nuevo film del cineasta canadiense
El método Cronenberg


Después de dos thrillers, Una historia de violencia (2005) y Promesas del Este (2007), este verano David Cronenberg se lanzó a la adaptación de una obra de teatro de Christopher Hampton, The Talking Cure, sobre las explosivas relaciones entre la joven Sabina Spielrein y sus dos mentores, Sigmund Freud y Carl Guslav Jung.

No es raro que Cronenberg se haya interesado por Sabina Spielrein. Esta psicoanalista relativamente desconocida no se contentó con llegar a ser paciente del doctor Jung en Zúrich. Pronto se convirtió en su amante y después en su discípula. Más adelante, intentó, aunque en vano, volver a acercarle a Freud después de su disputa. De hecho, la relación de Jung con su paciente, que sufría de una forma de histeria particularmente seria, no hizo más que envenenar las relaciones ya francamente hostiles entre los dos hombres: Freud veía en ello la confirmación del carácter pusilánime del discípulo zuriqués y de sus graves faltas a la ética.


Jung versus Freud. Jung se confía muy rápido a Freud sobre el caso Spielrein. En una carta del 23 de octubre de 1906, Jung expone el caso de una de las pacientes que analiza, hospitalizada por sus crisis de histeria, sin mencionar en ningún momento su nombre ni, sobre todo, revelarle que ella se ha convertido en su amante. Durante el apogeo de su relación, entre 1908 y 1909, una carta anónima informa a los padres de Sabina del asunto. Estos exigen a Jung que ponga fin a la situación. El 7 de marzo de 1909, llevado por el pánico, le confiesa a Freud que mantiene una relación con "una paciente” a la que ha sacado de una 'neurosis muy compleja' y que ahora amenaza con montar un escándalo.

Sabina Spielrein escribe a Freud dándole su versión de los hechos. Jung se defiende diciendo que ella ha transferido sobre él la figura del salvador y del amante. A modo de justificación le escribe a Freud: “S. Spielrein es precisamente la persona de la que le hablé [...]. Para mi supuso el caso psicoanalítico de aprendizaje, por lo que le guardo un reconocimiento y un afecto particulares. Como sabia por experiencia que ella recaía inmediatamente en cuanto le negaba mi asistencia, la relación se prolongó varios años y casi me sentí obligado moralmente a concederle mi amistad; hasta el día en que vi que esto había puesto involuntariamente en marcha un mecanismo, razón por la que rompí. Naturalmente, ella había proyectado seducirme, lo que me parecía inoportuno. Ahora, quiere vengarse. Hace poco ha difundido el rumor de que me iba a divorciar a causa de una estudiante [...]".

Como sucede a menudo en la historia del psicoanálisis, la intrusión de dramas privados va a tener un papel determinante incluso en la elaboración de la teoría. Quizá todavía más en este caso, en el que para disgusto de los espíritus apagados, se jugaba en cierta manera el psicodrama de la modernidad.

Evidentemente, estamos impacientes por ver qué hará Cronenberg con este guión, sobre todo cuando se sabe que, como muchos directores (especialmente Emir Kusturica) casi se pone a adaptar el magnífico libro Hotel blanco, de D. M. Thomas. En esta novela, una cantante francamente histérica escribe a Freud para contarle los fantasmas que le inspira uno de sus hijos, caído en el campo del honor durante la Gran Guerra. El paralelismo es aún mayor dado que, en el libro de Thomas, la cantante es una judía ucraniana que perecerá en la Shoah; Sabina Spielrein y sus dos hijos fueron asesinados por las SS en 1942.

Si añadimos que Sabina Spielrein, convertida en psicoanalista, escribió Die Destruktion als Ursache des Werdens (La destrucción como causa del devenir), texto que Freud en principio refutó, para mucho después reconocer que se había inspirado en él para su concepto de pulsión de muerte, se comprende que ella fuera una figura si no mayor (sus contribuciones teóricas son pocas), sí al menos importante del movimiento psicoanalítico.


Constancia de Cronenberg. Estamos junto al lago Constanzia en la frontera de Austria con Suiza y Alemania. En la película será el lago de Zúrich, al borde del cual Jung y su familia residían. El equipo es cosmopolita, pero su núcleo duro está compuesto por los fieles del cineasta de Ontario. Su hermana Denise en vestuario, su viejo cómplice Ronald Sanders en el montaje, Peter Suschitzky en la dirección de fotografía. El productor es también un antiguo conocido: Jeremy Thomas, que ya produjo Almuerzo desnudo (1991) y Crash (1996). En cuanto al casting, más de lo mismo. Viggo Mortensen, actor fetiche y doppelgänger, encarna a Sigmund Freud; es su tercera participación en una obra de Cronenberg. Otto Gross, también discípulo de Jung, después de Freud, iniciador de una teoría de la liberación sexual, gran provocador, dandi y toxicómano, es interpretado por Vincent Cassel, que resultó muy convincente en Promesas del Este.

La etérea Keira Knightley, verdadera protagonista del film.

 Quizá sea la primera vez que el papel principal de una película de Cronenberg es para una mujer. Podemos recordar Rabia (1977), cuyo peso llevaba Marilyn Chambers, primero como cobaya de un cirujano audaz, después  como una especie de vampiro que, al final de la película, contamina  a toda una provincia de Canadá. Igualmente, Claire Niveau (interpretada por Geneviève Bujold), la actriz erotómana de Inseparables (1988), objeto de deseo y competición entre dos gemelos ginecólogos. La inteligencia de un guion reside precisamente en hacer que, en un debate teórico célebre y aún de actualidad, ocupe el lugar central una mujer cuya fascinación se debe ciertamente a su belleza y a su gran inteligencia, pero también a su rechazo de las convenciones y, no hace falta decirlo, a su gran neurosis.

Estamos en el corazón mismo de la temática cronenbergiana. Se trata, más o menos, de una disputa entre dos médicos. Uno piensa que 'la carne se hace verbo' y el otro que 'el verbo se hace carne' (la última fórmula sería la divisa de Cronenberg). Y es precisamente Jung —que no siempre evita la vena gnóstica ni el flirteo con los 'sabios' nazis, quien rechaza el postulado freudiano del primado de la sexualidad y rompe con el maestro vienés con este pretexto— quien cae en el comportamiento más tabú que pueda haber para un psicoanalista: tener una relación sexual con su paciente. Evidentemente, esto no es un retrato de encargo. Jung es un joven doctor audaz, abierto y muy brillante, que se ha casado con una de las grandes fortunas de Zúrich, vive en el lujo y la calma de la burguesía protestante de la orilla dorada del lago y practica amores adulterinos típicamente "fin de siglo" en los que más vale pájaro en mano que ciento volando.


El esfuerzo de Mortensen. Se dice que Viggo Mortensen ha insistido mucho en interpretar a Freud. Se entiende. Este actor perfeccionista ha trabajado como es habitual en él —intensamente— a fin de convertirse en el inventor de este "método pehgroso”. Stephan Dupuis, responsable del maquillaje en casi todas las películas de Cronenberg, simplemente le ha colocado una falsa nariz y le ha envejecido según los términos del guion. La metamorfosis ha tenido lugar y, como siempre, este actor adepto al método del Actor's Studio ha entrado en la piel de Freud, con su gracia y con su extrañeza habituales.

Finales de julio, el calor es casi asfixiante. Numerosos figurantes se presentan en un hermoso barco antiguo, vestidos como si partieran para disfrutar de una radiante jornada sobre el lago, los hombres con sombrero de paja y traje de tres piezas de lino, las mujeres con puntillas y capellinas. Sabina y Carl (Keira Knightley y Michael Fassbender) tienen una viva discusión en uno de los puentes superiores. De una belleza sobrenatural, ella parece pesar cuarenta kilos y flota sobre todas las cosas como una aparición prerrafaelita. Cronenberg confiesa estar muy impresionado por su entrega, su concentración y su profesionalidad inspirada. Por ejemplo, ha hecho maravillas con el acento ruso, para mayor embeleso de Viggo Mortensen, que lo practicó duramente para su papel de matón ruso en Promesas del Este.

Michael Fassbender, por su lado, está feliz de poder salir de sus papeles de irlandés. Aunque de padre alemán nacido en Heidelberg, vive en Londres y confiesa que su dominio de la lengua de Goethe es escaso. Dice haber leído el guion casi cien veces: “David es un cineasta tan claro, con una mirada tan precisa, que uno tiene confianza para asumir todo tipo de riegos. Siempre sabe dónde va”. Estaba un poco angustiado por su personaje: “Es un hombre muy compleo, lleno de contradicciones, con su mujer y con su amante. Poco a poco, de amante va pasando a ser el paciente de su discípula. Y, sin duda, toda esta situación, en absoluto asumida, es el telón de fondo de su disputa con Freud”. Encantado de poder trabajar con Mortensen y Cassel, espera poder volver a encontrar en próximos rodajes un ambiente tan creativo.

Jeremy Thomas, que produce por tercera vez una película de Cronenberg, dice con amargura: “Cada vez es más difícil hacer películas en Inglaterra, incluso si se reúne a tantos talentos. El cine mundial está controlado por contables o directivos salidos de las grandes escuelas. Ahora, un proyecto como El almuerzo desnudo sería inconcebible.

El lago Constanza guarda su misterio. El de A Dangeroos Method será parcialmente descubierto en el curso de 2011. Serge Grünberg.

Cahiers du Cinema. n° 663
Enero, 2011.
Traducción: Natalia Ruiz
  

_
Share on Google Plus

About Sergi Ruiz

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios: