Animales desubicados en el Cine




Los seres humanos convivimos con los animales, en especial con los domésticos, de una manera muy determinada. Los animales salvajes forman parte de nuestro entorno si vivimos cerca de un determinado hábitat; los que están en cautividad son visitados en los zoos y protagonistas de documentales televisivos; y los domésticos son esos seres entrañables con los que convivimos a cambio de nada porque sentimos que también ellos nos dan algo a cambio de nada.


Para muchas personas, su relación con sus animales domésticos es más importante que la que mantienen con otros humanos. Por otro lado, desde hace décadas, biólogos y ecologistas intentan promover la preservación de especies en extinción, la supervivencia de animales que, por sí mismos, están destinados a desaparecer; cuando así actuamos, parecemos tener una especie de consciencia moral sobre los animales que ellos mismos no  tienen, como si nuestra misión fuera no sólo preservar nuestra propia vida y la de otros humanos sino la de esos otros seres sin lenguaje con quienes compartimos planeta. Y, por otra parte, muchas tribus y culturas que viven en medio del hábitat de determinados animales tratan a estos como figuras sagradas. Los animales, pues, importan, y forman parte, por así decirlo, de la propia cultura humana.

Así las cosas, sorprende que las historias de ficción que se ocupan de los dramas humanos estén protagonizadas sólo por humanos. Sin embargo, son muchas las historias de ficción que se ven enriquecidas por el hecho de mostrar, como parte de la vida humana, su convivencia con otros animales. Es el caso de alguna de las siguientes películas:


  1. Desayuno con diamantes (Breakfast at tiffany's, 1961)
  2. El ángel exterminador (1962)
  3. Los Pájaros (The Birds, 1963)
  4. Blade runner (1982)
  5. Hijos de los hombres (Children of men, 2006)
  6. Teniente Corrupto [versión Herzog] (The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans, 2009)
De momento, escojo estas seis pero próximamente comentaré otras, entre las que se incluirán estas y otras que puedan venir:
  1. The Piano (1993)
  2. Doce monos (Twelve monkeys, 1995)
  3. Mejor imposible (As good as it gets, 1997)
  4. Avatar (2009)

En estas 10 películas, la presencia de animales tiene, empero, una peculiaridad: los animales aparecen, en todo su metraje o bien en un fragmento, como desubicados. Son animales que aparecen donde no les corresponde, o que se comportan de manera rara, o que están en un número muy por encima de los esperado. Veámoslo caso a caso.


* * *



En Desayuno con diamantes, Holly (Audrey Hepburn) es una chica que se gana la vida seduciendo a hombres ricos y vive sola en un apartamento sin otra compañía que la de un gato al que no pone nombre y al que, como tal, llama "gato", sin más. Durante todo el metraje, este gato sin nombre no es más que personaje secundario, un complemento más de la encantadora Holly, y que da lugar a alguna que otra escena divertida durante las fiestas que se celebran en el apartamento. Pero en el tramo final de la película, el gato juega un papel dramático esencial. Paul (George Peppard), a quien Holly llama Fred, le declara su amor, pero ella lo rechaza. Quiere vivir sin ataduras, sin pertenecer a nadie, como parecen vivir los gatos, y que por ese motivo no precisan siquiera tener nombre. En un arrebato, y siguiendo estos argumentos, Holly deja a su gato en medio de la calle, porque el gato es libre y no pertenece a nadie, como ella. Pero Paul, o Fred, la contradice: claro que pertenecemos a otros, le dice él, por eso nos juntamos en pareja y vivimos el amor. Ella parece entrar en razón, y desesperada vuelve a buscar al gato, al que no había dejado en medio de la calle sino al que había abandonado. Está lloviendo y el gato, mojado y asustado, desubicado, no para de maullar lloroso. Holly, emocionada, consigue encontrar al gato.

Desayuno con diamantes tiene en todo este tramo su momento más emotivo y el gato actúa como metáfora del modo de vivir de Holly, y juega irremediablemente con el hecho de que sentimos más pena por el gato abandonado que por la propia Holly, que con su carácter desapegado no despierta la misma compasión que el pobre animal sin nombre perdido en medio de calle. Incluso podríamos afirmar que esa comparación entre el gato abandonado y esa Holly desapegada y ese plano en el que ella abraza reconfortada al gato son lo que amplía la empatía del público por ella. No sé cómo se hubiera podido filmar esta misma secuencia final sin la presencia del pobre gato, y es por esto que su papel es esencial para el desenlace de la historia.




En El ángel exterminador, un grupo de burgueses que se hallan en una fiesta se quedan enigmáticamente encerrados en la casa en que se encuentran. Nos es que haya un impedimento físico sino que todos los comportamientos de los asistentes, a partir de determinado momento, les conducen irremediablemente a no salir del lugar; son incapaces de superar el umbral de una determina parte de la casa. Y todo empieza en el momento en el que hace acto de presencia en la casa un pequeño grupo de ovejas, el gran elemento explícitamente surrealista de la película. Sí, ovejas en una casa burguesa. Las tiernas ovejas aparecerán en un par de ocasiones más; primero, a media encerrona, y, más tarde, y a modo de epílogo, acercándose a una iglesia en la que han quedado encerrados nuevamente todos los asistentes, lo cual presagia un nuevo encierro imposible, esta vez de mayores dimensiones. Las ovejas están usadas como un símbolo, de los encierros, y tal vez como una metáfora, aunque no se sabe de qué, en especial porque el propio Buñuel se negó a declarar que la película fuera una alegoría de nada. Pero, aparte de para provocar unas risas, ¿qué sentido tiene colocar a un rebaño de ovejas, a las tiernas e inocentes ovejas, totalmente fuera de contexto en medio de una casa en la que Buñuel va a filmar a un grupo de burgueses, ni tiernos ni inocentes, degradándose hasta la extenuación? Quizás es sólo un juego del director para hacer especular a los espectadores al salir del cine y hacer tertulia sobre lo visto, precisamente porque no tiene sentido.




Con Los pájaros, Hitchcock filmó un divertimento basado en filmar de manera verosímil una idea de lo más inverosímil: que todos los pájaros de todas las especies decidan atacar en masa a las personas. El ser humano teme a la naturaleza: teme a los terremotos, puede temer a los tiburones, o a los incendios... y todo un sinfín de elementos que en los 70 fueron usados por lo que se dio a llamar como cine de catástrofes. Pero ¿temer a los pájaros? A las gaviotas aún (de hecho, fue una noticia verídica sobre el ataque de una gaviota a un hombre lo que inspiró al film), pero ¿a los pájaros en general? Pues esa es la apuesta de Hitchcock, director que ha declarado en alguna ocasión que le gusta filmar el suspense y el miedo en situaciones cotidianas, y es justo lo que hace aquí: filmar el terror de los habitantes de un pueblo que de repente se ven abordados por el ataque de unos animales que hasta entonces tan sólo sobrevolaban sus casas o hacían nidos en los campanarios.



En este caso, la desubicación está en la presencia de los pájaros en escenarios que les deberían resultar contranaturales y también se juega con la desubicación de los humanos de la película (y por extensión, de los espectadores), que se sienten aterrados por un temor impensable, también contranatural, por así decirlo.




En ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de Philip K. Dick, la posesión de animales se ha convertido en un lujo, y tan sólo los ricos pueden permitírselo. La Tierra está altamente contaminada y los animales están protegidos. El resto de la población, entre ellos Deckard, el blade runner protagonista, tiene que conformarse con androides, con réplicas, más baratas, de los animales reales. En la película de Ridley Scott, Blade Runner, esto queda inexplicado, y se reduce a ese famoso diálogo en el que Deckard (Harrison Ford) pregunta a Rachael (Sean Young) si el búho es real, y cuando ella asiente, él replica: «debe de ser caro». Pero no es esta la única secuencia de la película en que hace acto de presencia un animal. La otra escena es la final, aquella en la que Roy (Rutger Hauer) se hace con una paloma blanca a la que finalmente soltará tras perdonar la vida a Deckard. En ambas ocasiones, la presencia tanto del búho como de la paloma blanca tiene una función eminentemente estética. El búho es bello de contemplar, en especial cuando gira el cuello y vemos uno de sus ojos de otro color, y además su solemnidad ambienta bien con el lugar.  Además, el búho es un ser enigmático al que la tradición atribuye sabiduría y nada mejor que éste sea el animal que posea el Dr. Tyrell (Joe Turkel). Por su parte, la paloma blanca da a Roy, en un plano en que aparece con los brazos cruzados y la paloma en una de sus manos, un inusitado aspecto de ángel; la paloma blanca presagia, pues, que el malvado Roy no va a poder seguir siéndolo por mucho tiempo. La paloma blanca, como símbolo de la paz, nos anticipa un final con perdón.



En Hijos de los hombres, una de las películas preferidas de Slavoj Zizek, los seres humanos son estériles desde hace cerca de 20 años (por motivos no explicados en el film). En tales circunstancias, la población ha dejado de tener hijos y prácticamente todos los ciudadanos poseen animales domésticos. Genera una suerte de extrañeza porque, a diferencia de lo que denuncio en el prólogo de este texto, los animales están presentes en esta película muy por encima de la normalidad de lo visto en la mayoría de películas: todas las familias tiene varios animales domésticos. Si la esterilidad de la humanidad no fuera una de las premisas de la película de Cuarón, la presencia de estos animales tan sólo despertaría ternura o serían tan sólo un detalle más de los decorados, pero en este caso, ver a un perro o a un gato en casa de alguno de los protagonistas es un recordatorio constante al espectador de la premisa del film, del futuro de la humanidad, predestinada a desaparecer.


En el Teniente corrupto de Herzog, los animales tienen una peculiar presencia, casi psicotrópica. La película se abre con una culebra acuática nadando en medio de una cárcel inundada, en la que un preso está encerrado a punto de ahogarse. Sorprende ver a la culebra en este ambiente. Es una animal desubicado. Más adelante, el teniente interpretado por Nicolas Cage se acerca a un accidente de tráfico causado, parece ser, por el atropello de un cocodrilo o caimán. Sí, un caimán en medio de la carretera. Y no es el único. Antes de cambiar de secuencia, la cámara nos descubre a otro caimán moviéndose por los márgenes de la autopista. Por último, en dos momentos posteriores, Cage alucinará ver unas iguanas, primero en su despacho y luego mientras el alma de un mafioso que acaba de ser asesinado baila breakdance. La película se cierra con Cage y el chico de la cárcel, que no llegó a ahogarse, sentados, apoyando su espalda en un aquarium en el que podemos ver a unos pequeños tiburones. Es lo que tiene los aquarium, nos permiten ver... tiburones en la ciudad. Pero conviene añadir un detalle: el caimán que aparece en el lateral de la carretera y una de las iguanas que el teniente alucina ver aparecen filmados en un forzado plano subjetivo desde el punto de vista del animal. ¿Qué deben pensar los animales de todo lo que ven? Seguramente no entienden nada o no saben qué demonios hacen en el lateral de una carretera o en el despacho de un policía.


Salvo en el caso de la aparición de la culebra, la presencia del resto de animales da lugar a momentos muy cómicos, pero casi de modo accidental. A su vez, son escenas inesperadas, que no vienen al caso de nada, y eso, como en el caso de El ángel exterminador, hace que el espectador se pregunte qué significan esas apariciones animales inesperadas y cómicas. Ciertamente, todos los animales aparecen desubicados o alucinados, y ello parece plasmar lo que en realidad es la vida del teniente corrupto, que está durante toda la película colocado hasta las cejas y carente de toda moral -aunque sin ser mal tipo-, desubicado en su propia vida. 




PRÓXIMAMENTE:



El piano,Doce monosMejor imposible y Avatar.



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About Sergi Ruiz

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