Prólogo de Avner para 'Venganza' (2005)

Con motivo del estreno de Munich (2005), de Steven Spielberg, "Venganza" (1984), de George Jonas, fue re-editado en muchos países (en España, de la mano de RBA). Para la ocasión, se incluyó un prólogo escrito por el líder de la Operación Cólera de Dios, Avner en el relato del libro, que a día de hoy sigue en el anonimato. Este es el prólogo:

PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 2OO5

Han pasado más de treinta y tres años desde que unos terroristas palestinos se introdujeron en la Villa Olímpica y mataron a once inocentes atletas israelíes que competían en los Juegos de 1972, lo que más tarde se conocería como la Masacre de Munich. Durante los años que han pasado desde aquel horrible suceso, he reflexionado a menudo sobre si la respuesta de Israel —mandarme a mí y a otros cuatro hombres en una misión a Europa para cazar y matar a los once individuos que nos dijeron que habían planeado la masacre— había sido la correcta. Por desgracia, como nuestra misión, éste es un problema espinoso de difícil respuesta.


La mayoría de los acontecimientos que nos afectan actualmente en Medio Oriente se fundamentan no sólo en la historia sino en la historia antigua. En el caso de nuestra misión, esa historia se remonta a hace casi cuatro mil años, al Código de Hammurabi, la expresión más temprana conocida de lo que los romanos llamarían más tarde la lex talionis o ley del talión. El Código de Hammurabi no utiliza literalmente la frase «Ojo por ojo» (lo más que se acerca a ella es el franco precepto de «Si un hombre le saca un ojo a otro hombre, deben sacarle el suyo»), pero está imbuido del espíritu de lo que los filósofos llaman venganza equitativa: la idea de que la forma correcta de castigar a los malhechores es hacer que sufran el mismo daño que ellos han infligido a otros.

Moisés impuso esta ley en Israel, y la frase «Ojo por ojo, diente por diente» se repite tres veces en la Tora. En un sentido muy real, ésta es la otra cara de la Regla de Oro. Más que «Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti», tenemos «Si tú me haces algo, yo te haré lo mismo».

En tiempos modernos, Israel ha asumido, implantado y perfeccionado este principio, no sólo por venganza, sino como forma de supervivencia. «Ojo por ojo» ha sido la estrategia que ha guiado a Israel como respuesta al terrorismo, y una serie ininterrumpida de gobiernos israelíes ha apoyado la idea de que es la única respuesta sensata. En los últimos años, con el primer ministro Ariel Sharon, la lex talionis se ha convertido en principio e instrumento del ejército israelí.

Pero ¿es realmente ésta la solución? O debería decir: ¿es ésta una buena solución?

La pregunta se ha vuelto especialmente urgente desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Aunque el terrorismo ya había salido de los confines de Oriente Medio antes del 11 de septiembre, nunca había afectado a los americanos hasta este punto. Desde entonces, el Gobierno de Estados Unidos está obsesionado con la venganza, hasta el punto de que ha declarado guerras en Afganistán e Irak y ha agitado los sables retóricos ante cualquier nación que se negara a unirse (o al menos apoyar) su guerra contra el terrorismo.

A menudo me acuerdo de la misión de mi antiguo grupo cuando veo las noticias de los intentos de Estados Unidos y sus aliados por cazar a Osama bin Laden y sus compinches de Al Qaeda. Pienso en las largas horas y las peligrosas condiciones que soportamos con el objetivo de vengar a Israel. El mundo ha cambiado mucho en los últimos treinta y tres años, pero la mecánica de la venganza sigue siendo la misma.

Y los fallos continúan siendo los mismos. Como dicen que observó Gandhi, «El ojo por ojo vuelve ciego al mundo». Sería difícil encontrar una crítica de la justicia vengadora más arrolladura o más expresiva. Pero ¿qué clase de ayuda ofrece esta crítica para enfrentarse al terrorismo? Aunque el pacifismo revolucionario de Gandhi tuviera sentido cuando se empleaba contra un opositor «civilizado» como el Imperio Británico, ¿cómo podemos considerar la posibilidad de presentar la otra mejilla a adversarios que están deseosos de cometer crímenes de la clase de la Masacre de Munich o el 11 de septiembre, o el Holocausto?

La verdad es que nuestro concepto de la moral tiene poco poder sobre los terroristas. Al fin y al cabo, los terroristas que mataron a los atletas israelíes en Munich (como los terroristas que mataron a miles de personas en el World Trade Center) consideraban que sus actos eran profundamente morales, incluso sagrados. Se veían a sí mismos como defensores de la libertad. A su modo de ver, Israel era el auténtico malvado, culpable de crímenes tan atroces y múltiples que justifican prácticamente cualquier clase de venganza.

¿Significa eso que debemos tirar la toalla y resignarnos a un ciclo sin fin de ataques y venganzas: una escalada continua del baño de sangre en la que la diferencia entre nosotros y los terroristas acabará por ser imposible de distinguir? De ninguna manera. La realidad es que sí existen diferencias entre nosotros y los terroristas. Cuando los terroristas atacan, vierten sangre indiscriminadamente. De hecho, matar a personas inocentes es a menudo lo esencial de sus actos: para mandar un mensaje a los que ostentan el poder o para aterrorizar a la población en general. En claro contraste, cuando Israel se venga de los ataques terroristas —ya sea mandando a un grupo como el mío después de lo de Munich o lanzando un misil aire-tierra a los territorios ocupados tras la explosión de un coche bomba— pretende hacerlo quirúrgicamente, apuntando sólo a los responsables del incidente que pusieron en marcha la misión. «Ojo por ojo», al fin y al acabo, no es una licencia para la barbarie sin restricciones. Significa devolver lo que has recibido, ni más ni menos.

Razón por la cual, si tuviera que volver a hacerlo, tomaría la misma decisión que tomé cuando Golda Meir habló conmigo hace más de treinta años. En aquella época —mucho antes de los Acuerdos de Camp David, mucho antes de tener algo parecido a un «proceso de paz», una época en la que todo el mundo árabe (incluido Egipto y Jordania) clamaba a diario por la destrucción del Estado judío y la existencia de Israel era una cuestión bastante abierta—, responder con la misma violencia que se nos había infligido era la única forma de acción que tenía sentido.

Pero quiero dejar algo claro. Aunque no me disculpe por la misión que mi grupo realizó en los setenta —y por supuesto estoy orgulloso de haber podido servir a mi país de ese modo—, no me engaño creyendo que contribuimos a frenar el terrorismo. Como sabemos todos perfectamente, el terrorismo ha seguido ensombreciendo nuestras vidas hasta hoy, si cabe, a mayor escala de lo que ninguno de nosotros habríamos imaginado entonces.

¿Qué detendrá al terrorismo? Ni asesinatos selectivos ni incursiones militares. A mi parecer, el terrorismo continuará hasta que la situación política y económica cambie lo suficiente para implantar condiciones de igualdad y equilibrio en Oriente Medio. «Ojo por ojo» puede parecer una respuesta apropiada, pero no es una solución. Lamentablemente, hasta que encontremos una, debemos estar preparados para afrontar los continuos ataques terroristas y los consiguientes actos de venganza que los seguirán inevitablemente.

AVNER. Mayo de 2005

Share on Google Plus

About Sergi Ruiz

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios: