Freud - Epistolario - Carta 126 - A Jung

Carta 126. A C. G. Jung

«Hotel Annenheim und Seehof», a las orillas del lago Ossiacher (Carinthia). Annenheim, 2-9-1907.

Querido colega:

Aquí estoy sentado, tratando de imaginarle en Amsterdam, poco antes o quizá momentos después de su inflamable conferencia, ocupado activamente en defender el psicoanálisis, y casi me parece un acto de cobardía estar mientras tanto buscando setas en los bosques o bañándome en un pacífico lago de Carinthia en lugar de representar personalmente mi causa o, al menos, de respaldarle con mi presencia. Para mi paz mental, me digo que mi ausencia es mejor para el psicoanálisis, que usted podrá librarse de parte de la oposición que hubiera suscitado yo, que mi repetición de los argumentos de siempre sería inútil y que usted está mejor dotado para el papel de propagandista, pues yo he podido observar invariablemente que existe algo en mi personalidad, en mis palabras e ideas que parece extraño a la gente, mientras que todos los corazones se abren ante usted. Si usted, que es una de las personas más cuerdas que conozco, se considera englobado en el grupo histérico, debo recabar para mí la categoría de «obseso», cada uno de cuyos miembros vive en un mundo que le es propio y peculiar, desgajado del resto de la existencia.
No sé si le habrá sonreído la suerte hasta ahora ni si llegará a sonreírle, pero me gustaría acompañarle en estos momentos para paladear la sensación de haber salido bien de mi aislamiento y decirle, en caso de que necesitara palabras de ánimo, que yo he pasado muchos años de soledad honrosa, pero triste, desde que tuve mi primera visión de nuestro mundo nuevo. Me gustaría también hablarle de la falta de interés y comprensión demostrada por mis amigos; más íntimos, de mis períodos de ansiedad, durante los cuales yo mismo llegué a creer que me había equivocado, preguntándome cómo podría enderezar aún, pensando en mi familia, una vida frustrada; de la certidumbre cada vez mayor que se aferraba a la interpretación de los sueños, como si ésta fuese una roca en medio de un mar tormentoso, y de la sosegada seguridad en mí mismo que al final de tan largo camino se instauró en mi ánimo, instándome a que aguardase hasta que una voz, surgida del piélago de lo desconocido, contestase mi llamada. Esta voz fue la suya. y ahora me doy cuenta también de que lo de Bleuer puede igualmente atribuírsele a usted. Permítame que le dé a usted las gracias. Confío en que vivirá lo suficiente para ver la victoria y regocijarse con ella. Afortunadamente, no tengo aún que recabar su compasión para los males que me aquejan. Estoy celebrando mi entrada en la edad climatérica con una dispepsia (después de haber tenido la gripe) bastante tozuda, pero que, durante estas hermosas semanas de tranquilidad, ha desaparecido casi, dejando sólo unos cuantos vestigios.
Hace tiempo que había decidido ir a Zurich, pero me gustaría hacerlo en las vacaciones de Navidad o de Semana Santa, para llegar ahí apenas abandonado el trabajo, con la mente llena de estímulos y de problemas recién planteados, y no en las circunstancias actuales, pues me siento ahora totalmente vacío por dentro y en estado casi letárgico. Necesito pasar varias horas charlando con usted.
Con cordiales saludos (y mis mejores deseos), suyo,
Dr. Freud.

Share on Google Plus

About Sergi Ruiz

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios: