Freud - Epistolario - Carta 124 - A Jung

1907.
Carta 124. A C. G. Jung [0]


Viena, IX, Berggasse, 19, mayo, 26, 1907.

Querido colega:

Muchas gracias por las alabanzas que dedica a la Gradiva (1). Si le dijera cuán poca gente comparte su opinión, quizá ni me creería. Es la primera vez que me dicen algo positivo acerca de ella (no, no debe ser injusto con su primo Riklin) (2), aunque en esta ocasión sabía que mi pequeño trabajo merecía encomio. Lo escribí durante días soleados y muy a gusto. No contiene, naturalmente, nada nuevo para nosotros, pero nos permite disfrutar de nuestra riqueza (perceptiva). No espero abrir con ella los ojos a la oposición. Hace mucho que dejé de apuntar en esta dirección, y mis esperanzas de convertir a los expertos es también escasa. Por ello he mostrado poco interés —como tan correctamente ha detectado usted— en sus experimentos galvanométricos, y es justo que ahora me castigue. También he de decirle que una confesión como la suya es más valiosa para mí que la aprobación de todo un Congreso médico, y no en pequeña medida, porque promete la aprobación de futuros congresos.
Si le interesa el destino de la Gradiva, le mantendré informado. Hasta ahora sólo ha aparecido una crítica en un diario de Viena, que es laudatoria, aunque con tan poca comprensión y tan escaso sentimiento como uno pudiera esperar de sus pacientes alienados. Este tipo de periodista, incapaz de captar la pasión que sugieren los valores abstractos, no suelta la pluma tan fácilmente. Dicen los matemáticos que dos por dos frecuentemente son cuatro, o más bien nos aseguran que no son generalmente cinco.
¿Que qué opinión ha merecido al propio Jensen? (3). Me dedicó palabras muy cálidas. En su primera carta expresaba su satisfacción, etc., y declaraba que el análisis estaba completamente de acuerdo en todos los puntos importantes con la idea de su relato. No aludía, por supuesto, a nuestra teoría, pues dada su avanzada edad parece ser incapaz de penetrar en otros dominios que su propia vena poética. Sugirió que la concordancia quizá pudiera achacarse a la intuición poética, y quizás en parte a sus estudios médicos. Luego, en una segunda carta, yo le pedía indiscretamente que me informara acerca de los matices subjetivos de su trabajo, es decir, de dónde había extraído el argumento, dónde ocultaba su propia persona en la narración, etc. Supe por él que el antiguo relieve existe realmente, y que posee una reproducción, aunque nunca ha visto el original. Fue él mismo quien inventó lo de que el relieve representa a una mujer de Pompeya, y él también quien soñaba despierto en el calor del mediodía pompeyano, donde en una ocasión experimentó un estado de ánimo casi visionario. Por lo demás, no sabía nada del origen de la trama. El comienzo se le ocurrió súbitamente mientras trabajaba en otra cosa, y en seguida dejó lo que tenía entre manos y empezó a escribir sin la menor vacilación. Halló todo el material que precisaba como si éste le hubiera estado esperando, y terminó la obra de un tirón. Todo esto sugiere que un análisis continuado conduciría, remontando el curso de su infancia, a sus propias experiencias eróticas más íntimas. Así, y una vez más, toda esta cuestión no es sino una fantasía egocéntrica.
Para concluir, permítame expresar la esperanza de que también usted se tropiece algún día en su camino con algo que considere publicable para uso del profano, y de que, en tal caso, se lo enviará a mis «Series» (4) y no al Zukunft... (5).
Muchas gracias por los dos proyectiles del campo enemigo que me manda. No me tienta la idea de guardarlos unos cuantos días hasta que me sienta capaz de leerlos sin emoción. Después de todo, es pura paja, escrita con arrebato, y parece querer sugerir al principio que jamás hemos publicado un análisis onírico, el historial de un caso clínico o la interpretación de parapraxes. Después, cuando tienen que admitir a la fuerza la evidencia, afirman: «Sí, pero no hay prueba; es una arbitrariedad.» Es inútil intentar probar algo a quien está firmemente decidido a no aceptarlo. La lógica no sirve para nada en estos casos y podría aplicarse a esta certidumbre lo que Gottfried von Straussburg (6) afirmó, con bastante irreverencia en mi opinión, acerca de la tragedia divina:

That (even the good Christian)
Is as wavering as the sleeve of a coaat in the wind (*).

Mas dejemos que transcurran de cinco a diez años y el «aliquis» (7) del análisis, que es inconclusivo de momento, será convincente sin que nada en él se haya modificado. Lo único que podemos y debemos hacer es trabajar y seguir adelante, no malgastar demasiada energía en refutar a nuestros contradictores y procurar que lo feraz de nuestras ideas produzca su efecto sobre la esterilidad de quienes nos combaten. Incidentalmente le diré que el trabajo de Isserlin (8) denota envidia en todas y cada una de sus líneas, y que algunas de sus afirmaciones son, además, increíblemente estúpidas. Todo demuestra ignorancia.
Y no se preocupe, pues las cosas saldrán como es debido. Usted vivirá para verlo, aunque yo no conozca ese día. No somos los primeros que hemos tenido que esperar que el mundo comprenda una lengua nueva. Siempre pienso que tenemos más seguidores secretos de lo que suponemos, y estoy seguro de que no estará usted solo en el Congreso (9) de Amsterdam. Cada vez que provocamos una nueva risotada me convenzo más de que nuestro empeño es algo verdaderamente grande. En el encomio necrológico que habrá de escribirme usted algún día no olvide mencionar que, a pesar de toda la oposición que he hallado, ésta no ha logrado ni una sola vez apartarme de mi propósito.
Espero que su jefe (10) se recuperará pronto y que podrá usted sentirse liberado de una parte de su trabajo. Echo de menos sus cartas cuando deja usted pasar mucho tiempo sin escribirme.
Suyo cordialmente,
Freud.




Notas:

(↑) Jung y Freud se conocieron en febrero de 1907.
1 (↑) Der Wahn und die Träume in W. Jensen's Gradiva, Viena («Alucinaciones y ensueños en la Gradiva de Jensen»). Ed. Standard, 9.
(↑)  Franz Riklin, psicoanalista suizo.
(↑)  Wilhelm Jensen (1837-1911), autor alemán.
(↑)  «Schriften zur angewandten Seelenkunde», Deuticke, Viena («Ensayos sobre psicología aplicada»). Bol. Asoc. Psicoan. Americana,8, 214. Editorial Standard, 9.
(↑)  Publicación berlinesa fundada por Maximilian Harden.
(↑)  Poeta medieval alemán, año 1200, aproximadamente, de la Era Cristiana.
(↑)  Que (incluso el buen cristiano) fluctúa tanto como la manga de una chaqueta sometida al viento.
(↑)  Referencia a la Psicopatología de la vida cotidiana, capítulo II.
(↑)  Dr. Mav Isserlin, nacido en 1879, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Munich.
(↑)  Congreso Internacional de Psiquiatría y Neurología, Amsterdam, 1907.
10 (↑)  Dr. Eugen Bleuler (1857-1939), psicoanalista. Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Zurich y director del Sanatorio Cantonal Burghölzi.
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