Julio Medem (30-Dic-1998) entrevistado por 'La Contra' en La Vanguardia

Recientemente, hablábamos en Dos-Teorías de que David Cronenberg es cirujano de formación y de que en su juventud estuvo interesado por Freud. Pues, bien, resulta que idéntico destino tuvo Julio Medem. Ambos, interesados por el psicoanálisis y formados en medicina, dejaron de banda estos intereses y los pusieron en el cine.


Con motivo del hallazgo de esta "serendipia" cinematográfica, rescato para este artículo una entrevista hecha a Medem en 1998, un poco más de tres meses después del estreno en las salas españolas de "Los amantes del círculo polar". En ella, además de su interés por Freud, Medem habla de su hija Lucía, con síndrome de Down y que luego sería actriz ocasional; del que sería su siguiente proyecto (se refería a "Lucía y el sexo"); de las conexiones entre su biografía y los personajes de "Los amantes..."; e incluso habla de sus hermanos, uno de ellos, Ana, fallecida ahora e inspiradora de su penúltima película. También fallecido está Rafael Azcona, el guionista más importante que ha dado el cine español, que se encarga de pasar a Medem un cuestionario adicional a la entrevista. No tiene pérdida.


La podéis leer a continuación o verla y/o descargarla en PDF en la Hemeroteca de La Vanguardia o en la sección de Descargas de Dos-Teorías.


Miércoles 30 de Diciembre de 1998 -

JULIO MEDEM, director de cine, autor de “Vacas”, “La ardilla roja”, “Tierra” y “Los amantes del Circulo Polar”.

Tengo 40 años. Nací en San Sebastián. Tengo un niño de diez años, Peru, y una niña de seis, Alicia. Soy Libra. Soy de izquierdas. Ateo. Insomne. Licenciado en Medicina y Cirugía General. Estoy escribiendo un guión: un viaje a lo imposible de alguien que quiere vivir ligero. En los cines proyectan “Los amantes del Círculo Polar”, bella historia de amor.

“Sufrí de amor, mucho, demasiado...” 



Cuénteme una mentira. 

—Yo empecé a escribir por que me enamoré. 

—¿Es mentira? 

—El amor contiene una gran parte de mentira, la idealización. 

—¿Cuándo sucedió? 

—De los 14 a los 18 años estuve escribiendo una novela en secreto. No quería que nadie supiera de quién estaba enamorado ni que lo estaba. 

—¿Y qué contaba? 

—Me contaba a mí, el libro era yo enamorado de ella. Ese amor me duró cuatro años, cubrió mi adolescencia y se convirtió en un globo extrañísimo, muy atormentado y muy duro. Sufrí mucho, demasiado. 

—Dicen que sufrir ensancha. 

—Yo no lo recomiendo. Amar en silencio me hizo más inseguro todavía. Me marcó demasiado. Me quedó esa necesidad de contar, de contarlo. 

—Pero estudió Medicina. 

—Quería ser psiquiatra. Me interesaba el psicoanálisis, siempre leía a Freud, sobre todo Freud. Pero... 

—¿Pero? 

—También me dedicaba a escribir de cine en un periódico. Conocí a mucha gente y decidí que cuando terminara la carrera haría un corto de 35 milímetros. 

—¿A qué se dedicaban sus padres? 

—Mi madre tenía una marca de ropa y mi padre era aparejador. Ella era vasca y él, alemán. Hicieron cinco hijos, yo soy el mayor. Tenían poco que ver. Se separaron. 

—¿Cuál es su recuerdo? 

—Mi abuelo. Me metia debajo de la mesa y mientras oía discutir a mi abuelo de política miraba el Tour de Francia. Mi abuelo perdió dos hermanos en la guerra del 14. Fue inevitable tomar postura con una parte de la familia me identifiqué con la parte vasca. 

—En “Los amantes del Círculo Polar” un vasco y un alemán se fuman un cigarro. 

—Son personajes inocentes. En la vida ocurre, hay personajes inocentes que están más allá de una situación terrible de culpas claras. Sí, en toda la película está mi familia y sí, también está mi padre, aunque no quería que estuviera. 

—¿Y está usted? 

—Hay mucho de mi mundo. Los protagonistas se prometen y se citan en el futuro. Es una manera de encauzar tu destino, de forzarlo, para que te acompañe y se acomode a lo que deseas. 

—¿Y el azar? 

—Existe. Esa persona de la que me enamoré tanto resultó ser familia mía. Parienta de mi abuelo, pero no lo supe hasta muchos años después. 

—¿Ella supo de su amor? 

—Sí, se lo dije dos días después de enamorarme y, como fui rechazado, ya no lo he dicho nunca más. Tenía poemas que sólo le di al final. 

—¿Qué tiene que ver el amor con la eternidad? 

—Hay un lugar en el que ya ni sopla el viento, todo está desolado, es el imposible, pero en ese imposible los protagonistas de “Los amantes del Circulo Polar” acaban juntos. Amor y eternidad son el sueño secreto colectivo.

—¿Y los bosques de helechos con el sexo? 

—Son sensaciones de infancia y adolescencia. Antes de conocerlo, el sexo me daba miedo. Siempre lo asocié con oquedades negras que hay en zonas muy verdes e intensas. En mi película “Vacas” y en “Tierra” queda muy claro. 

—¿Y el insomnio con el cine? 

—Cuando me voy a dormir no puedo desconectar, me quedo en marcha, encendido. Pero si estoy con algo que me gusta, con un guión, es muy placentero. Dejo que la intuición se desparrame; luego me vuelvo germánico, meticuloso. 

—Usted tiene su propia vida narrada en Super 8. 

—Sí, mi padre nos filmaba continuamente. Hay escenas muy curiosas. Nos ordenaba a los cinco hermanos de menor a mayor y mientras filmaba iba diciendo lo que seriamos de mayores: “Alvaro será payaso; Sofía, modelo; Ana, bailarina (y lo es); Alberto, artista (es arquitecto); y Julio, atleta.” 

—¿Atleta? 

—Claro, yo hacía mucho deporte, corría mucho (huía), en el colegio me envidiaban por ello. Estoy seguro de que deben estar sorprendidos de que haga cine, pero es que nadie me conocía. 

—Su primera película, “Vacas”, se la dedicó a Lola, la madre de sus hijos. 

—Le debo mucho, me he pasado media vida con ella. Dediqué “Tierra” a Peru y ”La ardilla roja”, a Alicia, que nació a mitad del rodaje. Fue duro. 

—¿Por su enfermedad? 

—De entrada sí, porque tiene síndrome de Down. Pero luego me di cuenta de que vive en un lugar particular en el que debes entrar si quieres estar con ella. Es un lugar fácil y directo. Amor en estado puro. Es una suerte. 

—¿Suerte es la palabra? 

—No le estoy dando la vuelta a nada, es así. Alicia es maravillosa. Que sea como 
es ha sido muy bueno para todos. 

IMMA SANCHÍS 


R. Azcona
CUESTIONARIO 


—Prefiere amar o ser amado? 

—JULIO MEDEM: Prefiero amar, 

—Existe el pecado? 

—J.M.: No creo en el pecado. 

—Dónde se encuentra más a gusto, en la nostalgia o en la esperanza? 

—J.M.: En la nostalgia. 

—La política, ¿es el arte de gobernar a los pueblos o el de ganar las elecciones? 

—J.M.: Debería ser el arte de gobernar. 

—Obligado a escoger entre el dolor físico y el moral, ¿cuál rechaza? 

—J.M.: Prefiero el dolor fisico. 

—¿Cree que hay alguna materia docente que no debería ser enseñada en las escuelas? 

—J.M.: No creo. 

—¿Cuál es para usted el mayor placer? 

—J.M.: De los que hay, no sé cuál es el mayor. 

—En su opinión, ¿cuál es el hecho más sorprendente en la historia de la humanidad? 

—J.M.: Mi respuesta es en blanco. 

—Elimine tres palabras del diccionario. 

—J.M.: Con eliminar las palabras no es suficiente. 

Rafael Azcona, que durante este mes ha sido el autor del cuestionario de “La Contra”, es el más prestigioso guionista español, autor del guión de “Belle époque”, ganadora de un Oscar. 
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