Outrage, de Takeshi Kitano, en Sitges 2010




Sitges. Martes, 12 de Octubre de 2010. Día festivo, pero calles vacías. Hace mal tiempo y la gente se refugia en los bares. Sólo a las puertas del Auditori del Hotel Melià un marea humana disfruta a la intemperie: estamos esperando a que abran las puertas para ver la última película de Takeshi Kitano.


La proyección es a las 16:30, pero no abren las puertas hasta un cuarto de hora después. La platea se llena completa y rápidamente en pocos minutos. Se apagan las luces y el público aplaude, aunque poco, el anuncio promocional de Sitges 2010, que homenajea a The shining, y que es más flojo que el mismo anuncio promocional de la edición anterior, dedicado a Alien. Los ánimos se desbordan cuando suena la música de Joe Hisaishi que encabeza todos los filmes de Kitano. Para esta ocasión, por cierto, Takeshi ha cambiado de compositor.

Kitano, tras sus dos últimos delirios (Zatoichi y muy especialmente Takeshi's) ha regresado al cine de Yakuzas. Y a la violencia explícita. En las historias de gangters, los modos de tortura y muerte deben de reciclarse para sorprender al espectador. Todo el mundo sabe que los Yakuza se cortan un dedo con un cuchillo, pero un cutter también vale y eso el espectador no lo espera. Y es mucho más divertido. Lo que no sabía es que Kitano fuera fan de Marathon man. Me refiero al dentista sádico interpretado por Lawrence Olivier. El tema es que en un momento del metraje, Otama (el personaje al que da vida Beat Takeshi) irrumpe en una clínica dental para asustar a un enemigo, al que se encuentra tumbado en la camilla a la espera de una revisión, que acaba siendo hecha por Takeshi, y hasta aquí puedo leer. Tampoco sabía que unos palillos japoneses de comer pudieran servir como arma punzante.


Outrage contiene, a mi parecer, la mayor cantidad de violencia explícita que se ha visto en toda la filmografía de Kitano, aunque se trata de una violencia con un enorme componente cómico, lo cual la hace todavía más sádica. Una parte del público aplaudió en todas y cada una de estas escenas: estamos en un festival de cine fantástico y la gente quiere ver sangre. Estos aplausos no eran muy exigentes, porque no todas las escenas violentas eran lo suficientemente creativas como para merecer un elogio efusivo del público, sin contar con lo bizarro que resulta ver a la gente aplaudir un acto violento.

Kitano también se lo pasa bien haciendo que sus personajes, como en Chinatown, vayan vendados a lo largo del metraje. Ya le cogió el gusto en Brother y en esta ocasión repite. Outrage se repite en general; Kitano tira de plantilla: dos familias de Yakuzas enfrontadas, fidelidad y traición, honor y venganza, pocos diálogos. Esto en sí mismo no está mal si la historia y su filmación son buenas, pero el guión tiene incomprensibles cabos sueltos por un lado (historias secundarias que no enlazan bien con la historia principal, como ocurre con el personaje del cónsul de Ghana) y personajes secundarios importantes para la trama poco desarrollados (como el que ejerce la vengaza que Otama no puede ejecutar).

Fundido en negro, vuelven las luces a la sala. La gente aplaude, pero no más que en el anuncio promocional del festival, lo cual suena a decepción. A mi parecer, esta decepción está justificada.








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About Sergi Ruiz

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