Manuel Vázquez Montalbán en 'Epílogo' (parte 1 de 4)

Entrevista a Manuel Vázquez Montalbán realizada por Begoña Aranguren.

Vídeo 1 de 4.



ENTREVISTADORA: Como quedamos en su día, don Manuel, le recuerdo que esta entrevista será emitida cuando usted se haya ido, cuando se haya muerto. En primer lugar, díganos con sinceridad: ¿cómo le gustaría ser recordado?


MONTALBÁN: Me gustaría ser recordado a secas y que luego que cada cual según su metabolismo intelectual o sentimental pues adjetive luego el recuerdo. Pero, de momento, ser recordado a secas. De hecho, se escribe para ser recordado.

ENTREVISTADORA: ¿Y qué mensaje dejaría al mundo de la literatura y el periodismo, de los que fue un destacadísimo protagonista?

MONTALBÁN: No, a eso sí que no me atrevo, a dejar ningún mensaje de la misma manera que nunca he querido dar consejos a esas preguntas habituales que te hacen de “qué consejo daría a los jóvenes escritores”. Casi siempre he contestado: Que lean.

ENTREVISTADORA: ¿Y a su familia qué le diría a modo de despedida?

MONTALBÁN: Me parece que tampoco me despediría de mi familia, ya hay como un lenguaje adquirido e implícito, ya saben más o menos o sabrían lo que pienso en el momento del adiós. Y cada cuál además es perfectamente conocedor del grado de afecto que le puedo tener. Es una medida establecida que no requeriría palabras. Bueno, supongo que se preocupasen un poco de cómo van los derechos de autor.

ENTREVISTADORA: Hablo con uno de los escritores españoles más leídos en el extranjero. ¿Cómo se lo explicó? Es decir ¿a qué lo atribuyó usted ese éxito?

MONTALBÁN: Es muy difícil de explicar y de aceptar por parte de un ateo convencido como yo porque se produjo en parte a base de milagros. Por ejemplo, en la primera traducción que se hizo al francés, que es una lengua obligatoria para tener identidad internacional para un escritor español todavía hoy, fue Los mares del sur; ni siquiera se pudo traducir con el título Los mares del sur porque ya existía un título, un libro que acababa de publicarse con el mismo título. Entonces el editor escogió un verso clásico francés, “Marquises si vos rivages”, y ese fue el título. No sé si por culpa del título o por culpa de la novela no se vendió ni un ejemplar; lo liquidaron a precio de saldo y montones de libros de las estaciones de ferrocarril, pero un día, como ocurre en los cuentos de hadas literarios, pasó por ahí un crítico literario importantísimo, que se llama Lebranche, compró un libro barato para entretenerse durante el viaje, compró Marquises si vos roivages”, lo leyó durante el viaje, lo propuso para premio internacional de París y lo gané, con lo cual a partir de ahí empezaron a encadenarse las traducciones. Por eso he dicho que hay que creer en los milagros incluso desde una sensibilidad laica.

ENTREVISTADORA: Y este hecho seguro que le granjeó desde luego envidias a manta y que hubo quien quiso quitarle méritos en su propio país.

MONTALBÁN: Siempre se presume de que uno vive en un país en el que la principal defecto es la envidia, pero como eso lo he vista en Italia, Francia, Alemania, sospecho que es un pecado internacional, no sólo un pecado español. Aquí sí que siempre hemos empezado a escribir sabiendo que lo pagaríamos. Una vez, comentándolo con Juan García Ortelano, le dije: oye, extraordinario, porque la crítica y todo el mundo te pone magnífico últimamente. Dice Es que he cumplido ya 60 años, ya me dan por imposible, hasta ahora han intentado impedir que me lo creyera, pero a partir de ahora ya es imposible. Forma parte ya de las reglas del juego, irrita cuando las experimentas ese zarpazo o ese aguijón, te molesta. Y luego llega un momento en que un escritor piensa que al menos le puede enseñar quizá algo otro escritor, un lector, pero jamás un crítico.

ENTREVISTADORA: De todos modos, ustedes no pudieron cambiar el mundo pero al menos cambiaron un poco el país. Yo pregunto ¿Vázquez Montalbán se sintió vencedor o perdedor?

MONTALBÁN: En cierto sentido todos teníamos cierto derecho a sentirnos vencedores, sobre todo los que habíamos jugado un cierto papel al más alto nivel, no por la jerarquía sino por la intensidad de tu sacrificio o hasta niveles mucho más livianos, como pudo ser el mío en lo que se llamó la resistencia. Para mí la resistencia al franquismo ha sido uno de los monumentos más éticos de este país; el que puede haber hecho algo en ese momento, ha hecho algo muy importante y muy interesante de cara a eso que llamamos el código ético. Y esa oportunidad significó que luego pudiéramos salir de esa etapa con una cierta sensación de triunfo. Y utilizamos el título de una revista que encarnaba en aquella época la posibilidad de expresión discordante, perdón, quiero decir discrepante, con respecto al franquismo. Pero había que ser realista y años después tuvimos que admitir que tampoco teníamos muy clara la salida, qué iba a ser consecuencia de todo aquello, no se podía presumir a toro pasado que teníamos las ideas muy claras, que iba a haber un cambio tremendo. Hay una pregunta de un libro, todo un éxito, titulado “¿Y después de Franco qué?”, que de hecho nadie tenía una respuesta clara a eso. Quizás los únicos fueron los sujetos activos en esa transición que no aparecieron, me refiero al departamento de estado, a la CIA, a la Segunda Internacional, al poder financiero europeo, que esos sí que tenían un diseño de cómo iba a ser la transición y esos sí que supieron intervenir económicamente para ir atrayéndose aquellos elementos fundamentales que luego jugarían a favor del cambio. Y hablo desde generales hasta poderes fácticos.

ENTREVISTADORA: Repasemos un poco su vida. Usted nació el 14 de Junio de 1939, dos meses después de finalizar la guerra. ¿Qué recueros guardó de su infancia?

MONTALBÁN: Lo que yo recuerdo está inducido por los demás, porque parece ser que en una salida de casa, a los quince días, fue para ir delante del tribunal militar, que juzgaba a mi padre, con petición de condena de muerte, y supongo que llevaron al niño para ablandar a los jueces; no sé si lo conseguí pero lo condenaron sólo a 20 años, que tampoco es una condena liviana.

ENTREVISTADORA: Le habían condenado, porque él salió para verle a usted.

MONTALBÁN: Él se marchó de España en el 39, cuando ganó Franco, en el mes de Enero, cuando la ocupación de Barcelona. Cuando se enteró de que yo había nacido, volvió, entró por la frontera de Hendaya, y tuvo la mala suerte de que ahí lo reconocieron y entonces empezó el calvario de las peticiones de pena de muerte. Lo condenaron a 20 años. O sea que mis primeros recuerdos estaban muy condicionados por esa vivencia o presión auditiva de mis mayores que me están diciendo tu padre está en la cárcel, hay que ir a verle. Cuando lo traían de traslado, porque se lo llevaban a Burgos o a penales super importantes, pues había que ir a la cárcel Modelo a hacer cola; recuerdo fragmentos de aquellas colas, recuerdo el vestido de los soldados caquis, en invierno sobre todo, recuerdo algunas cosas, recuerdo la primera comunicación con él, que como era un sistema de doble reja, curiosamente luego estuve en el mismo locutorio 20 años después, recuerdo la sensación de que era un hombre altísimo, porque yo lo veía desde una perspectiva de niño, muy pequeño, con el tiempo incluso tuve que asumir que mi padre no era alto y bueno todo eso son primeras vivencias, la obligación del silencio, de no hablar de según qué cosas, un silencio colectivo: yo vivía en un barrio completamente obrero de Barcelona, El Raval, al límite del barrio del barrio chino, y mi situación era muy parecida a la de los demás: era un barrio vencido en la Guerra Civil, económica, política, en todos los sentidos, y el silencio, no hablar de lo que había pasado, sólo cuando había una situación de una gran sinceridad y de poderte abrir al otro, y eso forma parte de los recuerdos iniciales; es una formación basada en la ocultación.

ENTREVISTADORA: Pero muy duro, le eso marcaría.

MONTALBÁN: No sé que era más duro; eso o ser hijo de un fascista.

ENTREVISTADORA: ¿Y algo intermedio hubiera sido mejor?

MONTALBÁN: Algo intermedio hubiera sido eso que se ha el justo término medio, que con el tiempo hemos descubierto que hubiera sido mejor llamarlo el injusto término medio.

ENTREVISTADORA: Dígame sinceramente: ¿Los progresistas de su generación perdonaron en lo más profundo todos los dolores, por ejemplo de los que me está hablando, que les propició la España vencedora o fue tan sólo una comedia para hacer posible la convivencia?

MONTALBÁN: En política las únicas consecuencias reales vienen de lo que se llama la correlación de fuerzas. Cuando Franco desaparece, en España no se pudo establecer una correlación de fuerzas sino una correlación de debilidades. Ninguna de los implicados estaba en condiciones de imponer su potencialidad sino de que respetasen su debilidad. Por lo tanto yo ni he perdonado ni he olvidado, soy lúcido; en ese sentido conozco los límites del desquite y la inutilidad del desquite, pero la inutilidad del desquite y el ser lúcido sobre la inutilidad del desquite no quiere decir que haya perdonado ni que haya olvidado. En ese sentido, para mí uno de los lemas más hermosos de la guerra civil no es ni el más vale morir de pie que vivir de rodillas de la Pasionaria ni el no pasarán sino que es el de Margarita Nelken: ni olvido ni perdono.

ENTREVISTADORA: Usted cursó estudios universitarios en Filosofía y Letras en una facultad imagino que con un ambiente bastante movido y donde empezaron sus contactos con la oposición al régimen, ¿no es así?

MONTALBÁN: Movido porque había como una sensación de protesta, era un promoción biológica que ya tenían 20 años de distancia con la guerra civil y que había perdido esa sensación de opresión y de miedo a flor de piel de los años 40 y de los primeros 50. Además el 90% de la universidad provenía de los sectores de la instalación, del establishment social y político; la participación de la clase obrera en la universidad era un 0,01 %. Claro, aquello obligaba a que la represión del régimen fuera relativa, en un primer momento. Luego cuando se dieron cuenta de que el movimiento universitario iba a más, la represión se hizo dura y empezaron a caer condenas de 3, 4, 5, 6 y 7 años de cárcel. Pero cuando yo entro aún el grupo de concienciados reales que se la jugaban en organizaciones clandestinas esa minoritario a más no poder; en un distrito universitario que entonces ya se consideraba masificado, en el que había unos 12.000 estudiantes, recuerdo que la caída que tuvimos de todos los concienciados fuimos unos 120, un tanto por cierto mínimo. Pero sí que era muy fascinante, sobre todo para mí, descubrir que en sectores sociales que no eran el mío había gente que pensaba como yo. Mi militancia la establecí a través de un grupo de estudiantes que iban a formar el FELIPE, el Frente de Liberación Popular, que ahí se llamaba NEU, Nova Esquerra Universitària, y en España NIU, Nueva Izquierda Universitaria. Porque yo tenía ciertas distancias con respecto a lo que había sido el estalinismo, no me incitaba el meterme directamente en el partido comunista en la versión catalán del PSUC y entonces me metí en ese grupo en el que coexistíamos marxistas y católicos aplicándonos a aquella edad el grado de marxismo y de formación del pensamiento católico, que debían ser 20 duros de marxismo y 20 duros de pensamiento munierista y personalista y ahí pues coincidíamos desde Alfonso Carlos Comín hasta Pasqual Maragall y yo mismo, y teníamos todos 19, 18, 20 años.

ENTREVISTADORA: Seguro que hubo muchos que alardearon de democráticos y que entonces estaban escondidos, un poco como usted dice.

MONTALBÁN: Esa ha sido una de las sensaciones más molestas de la transición; los que a mí me constan que era los estudiantes empollones, que no se metían en nada o que si se metían en algo era en algo muy próximo a lo oficial, que con el tiempo experimentaron una operación de cirugía estética maravillosa y acabaron todos siendo más demócratas que la madre que los parió; eso te provoca una cierta irritación, y luego, incluso la segunda promoción, que es la que pudo componer la elite del poder, con la segunda transición, con el triunfo espero que lejano del señor Aznar; el prototipo del vencedor era ése, ese estudiante empollón para oposiciones, que descubre de pronto que en la política tiene un camino y que por lo tanto, deduzco, se ha beneficiado por su estirpe y por sí mismo del franquismo y del antifranquismo, del franquismo y de la democracia. Eso me provocaba una cierta irritación, inmediatamente digerida, porque he nacido con una gran capacidad de digestión.

ENTREVISTADORA: De todas maneras no sería fácil permanecer ahí haciendo como que pertenecía al régimen y teniendo las ideas que tenía...

MONTALBÁN: En el campo estrictamente del show era bastante fácil porque todo el mundo presumía de no ser franquista. Y recuerdo que en aquel momento, el jefe provincial, que era un tal Martín Villa, que luego vió cierto juego. Y Felipe Mellizo, que era el jefe de propaganda de todo sindicato, cuando ya ya estaba acabando el curso me llamó  y me dijo nos interesaría que tú te vinculases a la propaganda de todo sindicato y yo dije que eso ya no; lo del PSUC me había interesado muchísimo porque me interesaba volver a Barcelona... (continuará en la segunda parte).


Share on Google Plus

About Sergi Ruiz

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sabes donde conseguir más episodios de "Epílogo"?

Sergi Ruiz Castaño dijo...

Hola, anónimo. Pues no, la verdad, no lo sé. Este de Montalbán me costó mucho de encontrar.