Duel, la película que gusta a los detractores de Spielberg


Steven Spielberg lleva ya 40 años detrás de las cámaras. Especialmente desde mediados de los 80, se creó una imagen estereotipada de su manera de hacer cine y desde entonces es un director con una gran legión de seguidores pero también con una gran cantidad de detractores. 

No son ningún misterio los motivos por lo cuales Spielberg es un directos admirado: su cine es audiovisualmente espectacular, sus películas suelen tener un ritmo muy conseguido, y a lo largo de su carrera ha combinado películas de entretenimiento con películas en las que se erije como guardián de nuestra memoria histórica, según una feliz expresión de Nando Salvà, crítico de cine de El Periódico de Catalunya y durante un tiempo de Días de Cine. En el primer tipo de películas, hay escenas de acción antológicas, grandes efectos especiales, una suerte de cine fantástico de "serie A". En el segundo tipo, nos emociona como espectadores a la vez que a la vez que nos cultiva sobre nuestro pasado reciente.


Tampoco es ningún misterio que Spielberg arrastre tras de sí a un público que le repudia. Su cine de entretenimiento es insustancial e infantil; con frecuencias sus películas empiezan con la mejor escena y luego no mantienen el nivel; impacta por los efectos especiales, en lugar de por el guión. Y cuando escribe dramas históricos cae en el efectismo, es acusado de maniqueo, de que sus películas tratan de responder cuestiones en lugar de plantearlas, y de que se sirve de la lágrima fácil del espectador para impactarlo. Últimamente también se le acusa de tener dificultades para escribir los finales de sus películas.

También hay críticos que reconocen simultáneamente las virtudes y defectos de Spielberg y que sienten por su cine una cierta ambivalencia. Sin embargo, Duel (El diablo sobre ruedas, 1971) pone generalmente de acuerdo a sus seguidores y detractores y también a los ambivalentes: ambos la consideran una película impecable. Ciertamente, ocurre que Duel incluye gran parte de las virtudes que gustan a los seguidores de Spielberg y evita los aspectos que no gustan a sus detractores.




Duel es fundamentalmente una película de suspense, que sigue a rajatabla las normas del género escritas y descritas por Hitchcock en sus películas y en las entrevistas que éste concedió. En Duel no hay lugar para los sentimentalismos; no se propone responder a ninguna pregunta. No se impacta al espectador con efectos especiales sino con su guión y sus trucos de cámara. Se trata en realidad de un telefilm, de bajo presupuesto, hecho con pocos medios, en el que el equipo de rodaje (se filmó en sólo 13 días) tiene que ser ingenioso para filmar escenas impactantes sabiendo que no tendrá margen para modificar nada en la post-producción.


Resulta interesante revisitar Duel casi cuatro décadas después y ver cómo una todavía importante parte de la ulterior carrera de Spielberg sigue conectada con su opera prima. La idea de un enemigo que ataca irracionalmente a los protagonistas se repite en Jaws (Tiburón), Jurassic Park y War of the Worlds. Curiosamente, es la más reciente de estas otras películas (War of the worlds) la que más se asemeja a Duel en su propuesta de un enemigo desconocido y de un personaje único (en este caso el interpretado por Tom Cruise) que se pasa todo el metraje del film huyendo de ese enemigo.


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