Antichrist - Un estudio psicopatológico (1)- Introducción

Antichrist es un film de Lars von Trier, director, guionista y actor ocasional, que cuenta historias trágicas con imágenes tensas, densas y, cuanto menos, de belleza sorprendente. Cabe anotar, extraído de la wikipedia, que al nombre que le pusieron sus padres (comunistas, nudistas y amantes del cine) le faltaba el “von”. Lo añadió Lars como marca de la arrogancia burguesa que un profesor en actitud irónica le reprochó, junto a unos compañeros, al negarse ellos a dar por terminada una sesión cinéfila en las instalaciones del colegio. Dos detalles más: El primero, Lars se convirtió al catolicismo cuando supo que su madre había muerto y que su padre biológico (a quien conoció de adulto) no tenía ningún interés por él. El segundo: Lars se definió a sí mismo en una entrevista como “Un melancólico danés masturbándose en la oscuridad ante las imágenes de la industria del cine”.


Si se tratara de un trabajo sobre psicopatología del director a través de sus obras, con esto ya tendríamos por donde empezar. Por el momento, nos quedaremos con la partícula von sobreañadida a su nombre, pues algo ocurre también con los nombres en los personajes de Antichrist.

Pero no pretendo un trabajo sobre von Trier sino sobre psicopatología en el film. Tratándose, como es el caso, de una película en que se mezclan las imágenes de lo que se propone como la “realidad” de la historia con las imágenes potencialmente alucinadas, soñadas, evocadas o recordadas por los personajes, y con las imágenes con las que el director nos advierte, a los espectadores, de lo que vendrá después o hace un juego alegórico per-se, ¿cómo distingir el material para el estudio psicopatológico?

Creo que podemos encontrar cuatro vías para interpretar el material bruto del film en busca de elementos para el estudio clínico.

La primera, descartada de antemano, sería el estudio de Antichrist como obra y analizar la psicopatología del artista. Este camino requiere más material de trabajo que el presente. Especialmente tomando en cuenta que, a diferencia de con las obras de Da Vinci, analizadas por Freud, en Antichrist participan multitud de colaboradores, de los cuales al menos una docena elaboran el contenido del guión y el trabajo visual de rodaje, efectos y montaje. Para acceder al material más propio de von Trier parece necesario recurrir a mucho material que el que da una sola obra.

La segunda, la más inmediata en las primeras lecturas del film, se centraría en la psicopatología de ella (no se sabe su nombre en toda la cinta), identificando sucesos, fenómenos y síntomas, reconstruyendo su historia y contrastándola con la teoría. Será esta la vía que recorreremos.

La tercera tomaría en cuenta la psicopatología de él (tampoco se sabe su nombre en toda la película): apuntaría a la omnipotencia narcisista y a la renegación de un psicoterapeuta que, perdiendo su hijo en un accidente, descalifica al doctor que diagnostica una “tristeza atípica” a su mujer y procede a tratarla por sus propios medios, negándole la medicación, en una cabaña aislada del mundo, ignorando los indicios de delirio, las evidencias de alucinaciones y, prácticamente, induciéndola a caer en el delirio más agresivo con sus ejercicios terapéuticos.

La cuarta, más ambiciosa e insegura, daría una vuelta de tuerca a la luz de una condición de la película, a saber: que él, estando ella ausente en algunas escenas, vive situaciones irreales (como cuando el zorro, tras devorarse las entrañas, le habla y le dice “reina el caos”). Esta vía asumiría que estas escenas no son alegorías con las que el director complementa la historia o anticipa las secuencias siguientes al espectador, como suponíamos en la segunda y tercera vía, sino que se trataría de verdaderas alucinaciones de él. En esta vía se anudaría que el significativo referente de “los tres mendigos” que aparece a lo largo del film (el zorro, el cuervo y la cierva) inicia su andadura en las primerísimas escenas siendo, “en realidad”... un juguete de encajar figuras de animalitos de Nick, el hijo muerto. Ambos, él y ella, conocen el juguete y, para ambos los tres animales forman parte del contenido de las alucinaciones y delirios, detalle que invita a considerar una follie a deux psicótica que toma ese juguete de tres piezas, como tres son las figuras de soldaditos que Nick tira al suelo cuando sube a la mesa, como significante de la tríada, la castración, inconcebible para el psicótico.


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2 comentarios:

Sergi Ruiz Castaño dijo...

Prometedora introducción. ¿Para cuándo la continuación del estudio?

Javier Sánchez dijo...

Este fin de semana, espero!