Los directores siempre filman la misma película

En una ocasión escuchaba decir a un director de cine que en realidad los cineastas filman siempre la misma película. No se trata de un crítica a la falta de originalidad de los creativos, ni a un referencia al auto-plagio sino al hecho de que cada director está interesado por una temas determinados, tiene una manera de filmar y de entender la creación de una película y, en consecuencia, es fácil reconocer en la carrera de un cineasta todos estos hechos en cualquiera de sus películas.

En algunos casos este hecho es tan extremo que algunas películas de algunos directores se diferencian de películas escritas o dirigidas por ellos mismos anteriormente tan sólo en los diálogos, las situaciones y los actores. El ejemplo más exagerado de todo esto es el caso de Woody Allen.



Un ejemplo menos drástico de esto es la carrera de Julio Medem o también la de Lars Von Trier.




En Medem, la Lucia de Lucía y el sexo es directamente una continuación del personaje de Ana de Los amantes del círculo polar. El propio Medem escribe, en el prólogo de la edición del libro del guión de 'Lucía y el sexo', que pensó en Lucía como una manera de dar una segunda oportunidad a esa Ana que viaja a Fin-landia para reencontrarse con Otto.



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En el caso de Von Trier, los paralelismos de hallan entre las mujeres protagonistas de sus últimos grandes melodramas: Breaking the waves, Dancer in the dark, el díptico Dogville-Manderlay e incluso Antichrist. A fin de cuentas, explica Von Trier, todas estas mujeres son su alter-ego en la pantalla. Todas ellas son protagonistas únicas y absolutas de sus historias; son personajes más menos desvalidos, que están en situación de pedir ayuda o que se ofrecen ellas mismas como ayudadoras, y que acaban siendo castigadas por una parte de su entorno o por sus propias actuaciones. Todas ellas toman en algún punto decisiones bizarras, que desconciertan al espectador, que no entiende por qué el personaje hace lo contrario de lo que supuestamente le conviene.


Lars Von Trier pretendía filmar una trilogía formada por Dogville, Manderlay y una todavía no filmada Washington. Quizás sin quererlo, la trilogía ha acabado siendo Breaking the waves, Dancer in the dark y Dogville-Manderlay tomada como una obra única en dos piezas.  Significa esto que, aunque el autor pretenda intencionadamente filmar la misma película mediante la recreación de una trilogía, sigue filmando los mismos tipos de personajes fuera de esa idea. Por eso Antichrist puede ser incluida en este grupo y por eso los protagonistas de Los idiotas también se asemejan a los de sus películas posteriores.


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Otro director que ha filmado una colección de títulos que parecen ser cada uno una continuación del anterior es David Lynch, que en 1997 abrió con Lost Highway (Carretera perdida) lo que acabaría siendo, junto con Mulholland Drive (2001) e Inland Empire (2005), un tríptico sobre personajes sometidos a realidades divididas. Las tres películas continúan el ambiente experimental y surrealista de Eraserhead (Cabeza borradora, 1977) o de Blue Velvet (Terciopelo azul, 1986) y junto al universo de Twin Peaks, todas estas películas constituyen el núcleo de lo que podemos llamar "Lynchlandia".


Volvamos, empero, al asunto de las realidades divididas como denominador común del citado tríptico. En Lost Highway, la realidad del personaje protagonista se desdobla en el momento en el que, tras ser encarcelado por el asesinato de su mujer, una mañana desaparece de su celda. En Mulholland Drive, la realidad se divide en el momento en que Betty (Naomi Watts) y Rita (Laura Harring) abren un cubo azul tras volver del Club Silencio, pero todo el metraje previo está lleno de pistas que hallaremos en el metraje posterior y que sólo podremos conectar entre sí en un segundo visionado. Ya en Inland Empire, la realidad aparece dividida desde un principio, pero también hay un punto de escisión, un punto de no retorno, en el momento en el que el personaje de Laura Dern cree interpretar un papel y se da cuenta de que no es un papel sino su realidad.


Así, pues, con estas tres películas Lynch parece estar investigando de diversas maneras cómo partir una película en dos, cómo escindir la conciencia de sus protagonistas y con ello la del espectador, acostumbrado a las historias contadas cronológicamente o a historias con flashbacks nítidos.



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En otras ocasiones, algunos directores no filman siempre la misma película sino que combinan dos grupos de películas muy diferenciadas. Conocido es el caso de Steven Spielberg, que combina cine de entretenimiento con cine de memoria histórica, o Richard Linklater, que filma casi en parejas una película comercial de contenido irrelevante que le da de comer con otra íntima y personal.

Veamos con más detalle el caso de Spielberg.
Spielberg empezó filmando cine de entretenimiento y sólo entrenimiento de Duel (El diablo sobre ruedas) hasta Indiana Jones y el templo maldito (1984), pero en 1985, con El Color Púrpura, abrió una vía más en su carrera, y desde entonces filmaría casi de manera alternada una película de entretenimiento junto con otra de drama histórico. Incluso en dos ocasiones llegaría estrenar en un mismo años una película de cada tipo: en 1993 con Jurassic Park y La lista de Schindler y en 2005 con The War of the Worlds y Munich.


En este punto, Spielberg se muestra como un director con dos facetas aparentemente separadas: una imaginativa y fantástica y otra moral y política. Y sólo ha conseguido unir  estas dos facetas en Inteligencia Artificial (2001).


Estos dos tipos de películas, sin embargo, no parecen ser la misma película; no se da esa suerte de continuidad mencionada en los casos de Lynch o de Medem entre los personajes de unas y otras películas. El modo de filmar siempre lo mismo en Spielberg se da de otro modo. Spielberg no es un director con ese mundo propio que también podemos hallar, por ejemplo, en Cronenberg.


Además de dividir su obra entre cine de entretenimiento y cine histórico, también en su cine de entretenimiento podemos identificar sub-grupos, como el constituido por Duel, Tiburón, Jurassic Park y The War of the Worlds. Son todas ellas películas construidas sobre la base de un enemigo invencible del que los protagonistas huyen y al que tienen que acabar destruyendo. La trilogía de Indiana Jones, recientemente convertida en tetralogía, es una excusa para filmar escenas de acción imaginativas y divertidas, algo que también encontramos en Minority Report. Ahora bien, hay dos rasgos de los personajes que hallamos en la mitad de la filmografía de Spielberg: personajes que corren (que huyen o van incesantemente hacia algún lugar) y personajes con algún conflicto paterno (o que ellos mismo no son padres mediocres), y en algunos casos personajes que aúnan ambas características.

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